Singapur, una ciudad estado anclada en la ruta del sudeste asiático

El Rincón del Trotamundos. Fotografía Juan Hernández. 16/5/2014

Finales del verano en Europa, decidimos organizar un viaje a Australia con parada en Singapur, nos proponíamos pasar unos días de vacaciones en este país para conocer el desierto australiano y el resto de días, dedicarlos al buceo en algún lugar de la Gran Barrera de Coral de la costa australiana, la meca de este deporte de ocio y aventura.

En nuestro viaje hacia Australia, decidimos quedarnos durante dos días en Singapur, nos apetecía conocer esta ciudad anclada como un portaaviones en la ruta del sudeste asiático. Una oportunidad que no quisimos dejar pasar de largo sin conocer Singapur, un mini estado que flota entre continentes por el que pasan millones de viajeros cada año.

En Singapur destaca la arquitectura, con grandes rascacielos, puertos deportivos, inmensas bahías y suntuosos templos. Sus fantásticas playas son un reclamo para el viajero, con blanca arena y aguas trasparentes que se traslucen entre la exuberante vegetación costera, con palmeras y cocoteros.

Si la lluvia lo permite, es un lugar ideal para disfrutar del baño en los paradisíacos rincones de sus playas, nosotros no tuvimos esa suerte ya que la lluvia no invitaba al baño, por el contrario, disfrutamos de unos agradables paseos por la urbe, disfrutando del ajetreo de una ciudad cosmopolita, comercial y bulliciosa.

La historia de Singapur es una mezcla de intriga y  leyenda que data del siglo III de nuestra era. En el siglo séptimo un imperio budista se estableció en la vecina isla de Sumatra. Tamasek o Ciudad del mar, como se conocía a Singapur en aquella época, se convirtió en un próspero asentamiento del imperio.

En el siglo XIII un miembro de la familia real, Sang Nila Utama, se echo al mar dispuesto a encontrar un lugar propicio para edificar una nueva ciudad ya que la isla de Sumatra se la hacia pequeña. Al llegar a las soleadas playas de una isla, percibió la presencia de un extraño animal.

Se trataba de un león, singa, en lengua sánscrita. Sang Nila, tuvo el presentimiento de que el encuentro con el dicho animal, era una buena señal, por lo que decidió levantar la ciudad en aquel mismo lugar llamándola Singapur, o Ciudad del León.

Para muchos viajeros Singapur, situado en el extremo de la península malaya, es una breve parada en la ruta aérea de ida o vuelta de Australia o de otros países del sudeste Asiático. Para nosotros fue un alto en nuestro largo viaje y una oportunidad que nos permitió conocer una isla en la que nunca antes habíamos estado y de la que tanto se habla cuando se viaja por esta parte del mundos.

Aprovechando al máximo el poco tiempo que teníamos, nos aventuramos por las calles y avenidas de esta gran Ciudad Estado, para conocer los lugares más emblemáticos; templos, avenidas, palacios y sus fantásticos miradores sobre las bahías y los imponentes rascacielos que como hongos brotan por doquier guardando cierto equilibro entre ellos.

Singapur fue una ciudad colonial y ese contraste de contrabandistas y escondite del opio haya sido excesivo, un pasado contemplado desde una falsa visión romántica, que ha quedado atrás con el empuje de los nuevos edificios de esta ciudad-estado, una de las pocas del mundo, junto con Mónaco y el Vaticano.

Pero Singapur y todo lo que evoca siguen allí. Quizás no haya demasiado sito para ello en el nuevo y compacto centro de la ciudad, pero sigue allí, en las mansiones de los alrededores de la meca, en la zona comercial de Orchard Road, en los himnos que se oyen en las inmediaciones de la Catedral de St. Andrew, y en la existencia de más zonas verdes de las que podría esperarse.

El núcleo de Singapur en el paseo marítimo, es el lugar al que llegó Thomas Satamford Raffes en 1819 para establecer un puesto comercial en lo que había sido hasta entonces una aldea de pescadores malaya de poco relieve. Los malayos llamaron al sitio Singpur del sánscrito siga.

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