REFLEJOS DE VIDA

El arrebato de luz de la naturaleza

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La editorial Prames, acaba de publicar un libro de los fotógrafos de Aragón, que además de bello, es un homenaje póstumo de estos artistas al guardabosques y fotógrafo David Gómez Samitier. Un hermoso homenaje al hombre y a la naturaleza, el que se hace en las paginas en blanco de “Reflejos de Vida”.

Sin duda es un libro para el placer de la vista, pero también para los sentidos, los olores y colores de una tierra viva que gime cada día al unísono de su alarmante destrucción. Un libro que a pesar de su precio no debería faltar en la biblioteca de los fotógrafos, los amantes de la naturaleza y de todos cuantos vivimos en esta tierra peninsular poco querida, olvidada, y muchas veces maltratada.

Publicamos en el Trotamundos, junto con la portada del libro, la presentación que del mismo hace la editorial Prames. La naturaleza en su arrebato de luz. El paisaje atrapado en su instante decisivo. El asombro de la flora, que tiene algo de paleta ideal de todos los colores de la tierra. La fauna casi inconcebible que tenemos ante los ojos: aves, insectos, mamíferos, mariposas heridas por la claridad exacta del ocaso, alacranes que desafían al sol… Quizá podríamos explicar así el libro colectivo “Reflejos de vida” (Prames), el volumen que los fotógrafos de la naturaleza de Aragón han preparado “en memoria de David Gómez Samitier”, aquel “forestal de los buitres”, aquel enamorado de las cosas del campo que nos ha regalado varios libros extraordinarios: “Guía de rapaces de Aragón”, “Pájaro de barro” y “El silbido del cierzo”. Son libros que nacieron de la espera, de la observación y de la constancia. David sabía esperar como nadie en algún rincón, entre matorrales o en un collado con vistas, con la cámara, su “compañera inseparable”, tal como recuerda José Manuel Aguilera. David Gómez falleció en 2005 en un terrible y nocturno accidente de tráfico que se llevó también a sus tres mujeres: Lourdes, Jara e Iris. Por eso, este volumen es también un antídoto contra la muerte, un cántico contra el olvido, la vindicación de la vida en toda su exuberancia y en sus mínimos gestos de conmoción y sorpresa. Aquí se encierra el derroche absoluto para los sentidos, la belleza infinita del territorio de Aragón que se revela en cada amanecer, en la atardecida, en el suspiro de la brisa, en el tul manso del dorondón. Los fotógrafos se comportan como cazadores de luz: miran y descubren un universo de formas y sensaciones que huele a la magia sencilla del paraíso.

El volumen revela algo que siempre alecciona: Aragón es un escenario de contrastes; Aragón es un inmenso capricho orográfico de agua, llano y piedra, Aragón se alza una y otra vez contra los tópicos y se renueva en fuego y hermosura con la mudanza de las estaciones.

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