El Flysch entre Zumaia y Deba

El Rincón del Trotamundos. Javier San Sebastián

Geoparke de la Costa Vasca

La costa entre Zumaya y Deva, en el oeste de la provincia de Guipúzcoa, alberga formaciones rocosas que han ayudado a comprender la historia geológica de la tierra. Como un libro con miles de hojas, los estratos muestran a los expertos los movimientos de las placas, los periodos de glaciación y calentamiento, los animales marinos e incluso marcan con claridad la extinción masiva provocada por la caída de un meteorito hace 66 millones de años.

Pero además de su enorme importancia científica, reconocida a nivel mundial, la costa es de una belleza y singularidad extraordinaria.

La formación de estratos que podemos apreciar en esos pocos kilómetros de costa, reciben la denominación de “flysch”. Su origen es sedimentario, provocado por materiales arrastrados hacia el fondo del océano por corrientes, movimientos sísmicos u otros fenómenos. Las capas más duras resisten mejor la erosión, originando formaciones espectaculares.

Geoparke de la Costa Vasca

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La fuerza del mar provoca la existencia de una “rasa mareal”: el flysch aparece frente a los acantilados con la marea baja y desaparece de nuestra vista con la marea alta.

Con independencia de su valor informativo, el flysch del geoparque guipuzcoano me provoca admiración y entusiasmo. Teníamos su referencia a través de amigos, que lo visitaron hace unas pocas semanas y habíamos visto fotos, pero, como tantas otras veces ocurre, sólo cuando lo ves en persona llegas a comprender cómo es este lugar.

Nos informamos de las mareas, pues el recorrido junto al mar, sobre la rasa, sólo se puede hacer con marea baja. Comenzamos en Zumaia e hicimos el recorrido hasta Deva. No todo el tiempo se puede ir junto al mar; hay que salir a los senderos interiores, que van asomándose sobre los acantilados en magníficos miradores.

Los primeros acantilados en Zumaya nos muestran un paisaje que parece pintado, más que real: el fuerte verde de los prados que acaba bruscamente sobre las placas blancas, las distintas rugosidades y marcas, los derrumbes que crean figuras y cuevas, las líneas paralelas que se ven bajo el agua, los dientes de sierra por todas partes donde se rompen las capas. Todo contribuye a reforzar un conjunto magnífico.

Sakoneta, la gran cala rocosa en mitad del recorrido, es como una catedral protegida por campos de piedras hincadas. Descubrirlo tras un cabo, caminando junto al mar, es algo que recomiendo vivamente.

También me parece importante que cuando vayáis, hayáis leído previamente al menos parte de la abundante información que existe en internet o en publicaciones, para comprender mejor el recorrido.

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