UN LUGAR ATRAVESADO POR CAMINOS CARRETEROS QUE BUSCAN LA MESETA CASTELLANA

Cielos más suaves en días de abril que no se marcharían nunca, cantaba Billie Holiday. Y eso es lo que uno busca en la Sierra de Gata, un sitio donde la primavera siempre llega temprano y siempre se queda. Un lugar atravesado por caminos carreteros que buscan la meseta ya desde antes de los romanos; algunos asfaltados, otros perdidos por un progreso mal entendido.
Para mí la puerta de Gata siempre estuvo en el puerto de Santa Clara, en aquella vieja carretera que perdida en un bosque de castaños bajaba al pueblo de San Martin de Trevejo. Un puerto al que volvía cada noviembre para ver como desaparecía la carretera entre las hojas caídas. Había que parar cada vez que te cruzabas con un coche pero ahí estaba el encanto, en bajar muy despacio por un paisaje que más parecía gallego que extremeño. Hoy la moderna carretera ya es otra historia.




































