ZAMORA, MUSEO VIVO DEL ROMÁNICO

Texto y fotografía de Rafa Álvarez

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Zamora está situada en un lugar estratégico que domina el río Duero, en los altozanos de la peña de Santa Marta. Las murallas que rodean la ciudad medieval, encierran en su interior casas antiguas, calles estrechas y silenciosas, iglesias románicas, museos rebosantes de historia y una imponente catedral.

Zamora, llamada en tiempos de los Romanos, “Ocellum Duri”, fue asentamiento de los Vacceos y también de Cartago. La ciudad fue tomada por Almanzor bajo cuyo dominio se llamó, “Azemur” (olivar silvestre) y también “Samurah” (ciudad de las turquesas). Fue reconquistada a los árabes por Fernando I, quien la reconstruyó y la repobló, donándola a su hija Daña Urraca.

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Zamora tuvo tres recintos amurallados. El primero de ellos se conserva casi en su integridad y es el más importante. Esta primera fortificación se realizó en tiempos de Fernando I, en el siglo XII, sobre los restos de anteriores murallas árabes. El Casco antiguo de Zamora, sus murallas y puertas. El castillo, las más de 20 iglesias románicas, los palacios renacentistas y sus calles empedradas, contribuyen a crear una atmósfera medieval que cautiva al viajero que se adentra en esta ciudad, situada en la Ruta de la Plata. Quienes recorren la parte antigua para disfrutar de sus maravillas, lo hacen a sabiendas de lo que les espera, un patrimonio excepcional, con personalidad propia, construido a conciencia para durar en el tiempo.

Muchas de las calles del casco antiguo de Zamora, se han cerrado al trafico, habiendo recobrado el silencio de otros tiempos, el que se percibe durante la Semana Santa, la fiesta religiosa más universal de Zamora. Un silencio solo roto por el deambular del viajero, las conversaciones de los vecinos y el rumor de las fuentes que derraman su agua sobre los nobles mármoles.

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