EL YORDAS, TESTIGO MUDO DE LA HISTORIA Y DESAPARICIÓN, BAJO LAS AGUA DEL PANTANO, DEL VIEJO RIAÑO

R. Álvarez

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Decía Julio Llamazares que cuando un pueblo se pierde algo en la historia del hombre desaparece para siempre. Se refería claro está a la desaparición bajo las aguas del viejo pueblo de Riaño, que se asentaba en el valle del río Yuso, en medio de un fértil territorio, en el que los prados y las huertas proliferaban.

El asentamiento del antiguo Riaño reaparece cuando las aguas del pantano bajan, para recordarnos esa historia perdida. Emergen los decrépitos muros de las casas y establos, como fantasmas, una imagen que nos recuerda que con la desaparición del pueblo de Riaño, un pedazo de historia quedó sepultada bajo este inútil embalse.

El pico Yordas es, sin duda, un testigo mudo de esa y de otras muchas historias trágicas que han tenido lugar en estas tierras del alto Sella, encrucijada de caminos, entre la meseta y el norte peninsular. Una tierra de valles fértiles, de frondosos bosques y de quebrados relieves calizos, que dificultan los pasos entre el norte y el sur.

Buceando en la historia de la Comarca de Riaño, nos encontramos que el actual Burón, situado en la cola del pantano de Riaño, esconde sus raíces en alguno de los castros cántabros levantados en el valle de Bérgida, o quizá en la misma Bérgida, cuna de aquel Bierzo medieval que aglutinaba en su alfoz los pueblos del entorno: Burón, Liegos, Lario y Acevedo, habiendo sido Burón, durante mucho tiempo la capital de la comarca.

Cuentan algunos historiadores que en el pueblo de Burón o en sus inmediaciones, cuando este aún era un castro Celta, tuvo lugar una cruenta batalla entre las legiones romanas y los Cántabros-Astures, que se saldó con la derrota de estos últimos, por lo que tuvieron que retirarse hacia los Picos de Europa donde se refugiaron ante el avance de la colonización de Roma.

Burón, es hoy un pueblo casi nuevo cuyas casas se asientan en la cola del pantano de Riaño, bajo el que se ocultan las tierras más fértiles de esta población y las del cercano Liegos. Desde esta última población parte la ruta que lleva hasta la cima del pico Yordas, un emblemático mirador sobre las aguas del pantano y las tierras y montes que lo circundan.

Siguiendo el sendero balizado que parte de Liegos, y avanza por el valle del Esla y continúa por el de San Pelayo, partimos el domingo 27 de mayo camino de la cima del Yordas. El día, como se preveía, era revuelto, con negros nubarrones que cubrían las cimas de la Cordillera Cantábrica y amenazaban, con el avance del día, lluvia. El paisaje espectacular, los campos rebosantes de flores, los bosques de hayas, robles, abedules, acebos, tejos y avellanos, ofrecen un intenso verdor, y en medio de este idílico paisaje surge la silueta de las cigüeñas blancas que anidan en los campanarios y en los árboles, y deambulan por los campos en busca de alimento.

La lluvia aguantó hasta que entramos en el frondoso hayedo que cubre toda la vertiente norte del pico Yordas y peña Cabeza. Para entonces el viento azotaba con fuerza los paraguas, mojaba los chubasqueros, y todos éramos víctimas de las inclemencias meteorológicas. En el bosque se percibía un ambiente de humedad, silencio y se aspiraba una gran concentración de oxigeno, que fortalece la salud y estimula el crecimiento de los líquenes, los helechos, los narcisos de primavera y la gran variedad de hongos y plantas que en su interior crecen.

La lluvia nos da un respiro al alcanzar el collado que separa la peña Cabeza del pico Yordas, muy de agradecer por que el lugar lo merece, pues desde el collado se tiene una espectacular panorámica del embalse de Riaño y las montañas que lo circundan: Peña Santa y la montaña Palentina, con sus majestuosas cumbres, Peña Prieta, pico Tres Provincias, Pico Murcia y el Espigüete. Sin duda un auténtico regalo para la vista y el deleite de los amantes de la montaña y los espacios salvajes. En el lugar, el amarillo de los piornos florecidos, contrasta con los farallones de roca caliza que ascienden erosionados desde los valles y las aguas del embalse de Riaño, para culminar en afiladas cresterías.

Sorteando pequeños jous y algunos salientes, nos encaminamos, en travesía por la vertiente sur, hacia la cumbre del Yordas. Por el camino descubrimos manadas de rebecos; el águila real que sobrevuela el valle y alguna que otra comadreja. Las nubes caen sobre la montaña y nos dificultan la visibilidad, lo que no es impedimento para que culminemos el recorrido y alcancemos la cima de este mítico pico. Tras reponer fuerza y alguna que otra gracia de Bruno, levantando la cruz del buzón en alto, nos bajamos a toda prisa, pues la temperatura invernal de este día, junto con el viento, no invitan a quedarse mucho rato en la cumbre para disfrutar del paisaje.

Un final de curso muy grato, y salvo algunas excepciones, con agradable compañía, como lo empezamos el 8 de octubre de 2006 en la gran travesía por los macizos de Picos de Europa.

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One thought on “EL YORDAS, TESTIGO MUDO DE LA HISTORIA Y DESAPARICIÓN, BAJO LAS AGUA DEL PANTANO, DEL VIEJO RIAÑO

  1. TAN SOLO COMENTAR,Q NO SOLO ESTA BAJO LAS AGUAS EL VALLE DEL RIO YUSO,TAN BIEN DEL ESLA,Q ES UN RIO DE MAYOR ENTIDAD
    Y ESO DE Q CUANDO BAJAN LAS AGUAS SE VEN LOS MUROS DE LAS CASAS,NADA DE NADA.LO PRIMERO POR Q DEBAJO DEL VIADUCTO,Q ES DONDE ESTABA EL PUEBLO,HAY MUCHOS METROS DE AGUA Y SEGUNDO POR Q FUERON ARRASADAS PARA Q NADIE SE QUEDARA DENTRO…
    POR LO DEMAS,SIGUEN ESTANDO LOS MARAVILLOSOS PICOS,Q CONVIERTEN A A ESTA ZONA EN UN PARAISO
    SALUDOS
    CARLOS ALVAREZ ALVARADO

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