Fogo y Brava, donde la naturaleza de Cabo Verde libera toda su fuerza

La isla de Fogo levanta su oscuro cono volcánico hasta los 2.829 metros sobre el cercanísimo océano. Brava recuerda con su nombre lo escarpado de su relieve y las fuertes corrientes marinas que se estrellan contra su accidentada costa.

Pico de Fogo-Cabo Verde

Sólo 18 kilómetros separan estas dos islas. Forman el extremo suroeste del  grupo de islas de sotavento en el archipiélago de Cabo Verde. Comparten un clima tropical seco, moderado en la costa con una  temperatura media anual de 25 grados. La temperatura va en descenso a medida que ganamos altitud. En Chã das Caldeiras, el lugar más alto habitado en Fogo, justo a los pies del volcán, la temperatura media se queda en 14 grados. Los años secos son cada vez más frecuentes en ambas islas. Las lluvias, los años que llegan, lo hacen entre julio y octubre. El resto del año un fuerte viento seco, procedente del continente africano, barre infatigablemente la costa y el interior.

Amanecer-Cabo Verde

Foguenses y bravenses han tenido que adaptarse a tan extremas características y aprovechar la poca agua dulce disponible en manantiales, durante la temporada de lluvias y la humedad que dejan las nubes por condensación en la vegetación para cultivar su alimento. Una buena parte de ellos ha preferido la emigración, ante la perspectiva de toda una vida de lucha para sobrevivir en permanentes condiciones de escasez.

Fogo dispone de puerto y aeropuerto. Nosotros llegaremos en un vuelo de 30 minutos desde Praia, la capital de Cabo Verde. Desde el mismo aeropuerto subimos en aluguer, en una cómoda y nueva furgoneta, por una sinuosa carretera de pavés hasta Chã das Caldeiras. Antes de terminar la subida pararemos a la entrada del Parque Natural de Fogo. La luz del atardecer realza la majestuosidad de la mole cónica del volcán levantándose sobre los oscuros campos de negra lava.

Pico de Fogo-Cabo Verde

La gran caldera de Fogo, con más de 8 kilómetros de diámetro, será nuestro privilegiado hogar los próximos días. El Pico de Fogo es uno de los volcanes más activos del Océano Atlántico. Se han registrado más de 30 erupciones desde la colonización de la isla en el siglo XV. La más fuerte ocurrió en 1680 y fue tan devastadora que buena parte de la población se puso a salvo en la vecina isla de Brava. También dio lugar al cambio del nombre de la isla. Originalmente era São Filipe, el nombre actual de su capital. La última erupción comenzó el 23 de noviembre de 2014 y cubrió de lava una buena parte de las viviendas de Chã das Caldeiras.

Portela-Cabo Verde

Nos alojaremos en Casa Zé y Sonia, en Portela, una de las dos pequeñas localidades que componen el municipio de Chã das Caldeiras. Zé es nuestro guía en Cabo Verde. Sonia, su mujer, atiende con mimo el alojamiento que cuenta con todas las comodidades que se pueden proporcionar en un lugar tan aislado, donde el agua corriente procede de depósitos que se llenan con las lluvias o camiones-cisterna y la electricidad se produce con generadores.

Portela y Bangaeira-Cabo Verde
Viviendas tradicionales-Cabo Verde

Dedicamos el primer día a explorar la gran caldera. El primer objetivo es el Pico Pequeño, el cono formado por la erupción de 1995 en la base del gran estratovolcán. Atravesamos campos de cenizas plantados con las viñas de donde se obtiene el afamado vino de Fogo. También vemos pequeños manzanos, que producen unas manzanitas ácidas, ruibarbo, higueras y melocotoneros. La caldera se usó como terreno de cultivo hasta la erupción de 1995 que cubrió de lava una buena parte de ella.

Manzonos y Bordeira-Cabo Verde
Vides-Cabo Verde

Las vistas del gran cono y de la Bordeira son fascinantes. La Bordeira es todo el borde oeste del primitivo cráter que ha permanecido tras el colapso del primitivo volcán en tiempos muy remotos. Recorremos todo el borde superior del Pico Pequeño y descendemos por campos de corrientes de lava negra solidificada. Llegamos a una oquedad por la que nos introducimos en un túnel volcánico con ayuda de nuestras lámparas frontales. Es un recorrido de unos cien metros de longitud de suficiente amplitud para caminar erguidos hasta una sala natural. Apagamos nuestras linternas y, procurando no hacer ningún ruido, percibimos la oscuridad y el silencio absolutos.

Subiendo al Pico Pequeño-Cabo Verde
Panorámica desde el Pico Pequeño-Cabo Verde
Pico de Fogo desde el Picco Pequeño-Cabo Verde
Campos de lava-Cabo Verde
Túnel de lava-Cabo Verde

El día siguiente subimos al Volcán de Fogo. Empezamos a caminar a las 6.30 horas para alcanzar la cumbre que nos espera a 1.200 metros sobre nosotros. Nuestro guía Zé nos lleva sabiamente por un resalte rocoso que nos permite ascender con relativa comodidad. El resto del terreno es ceniza volcánica sin consistencia para caminar sobre ella. A medida que el sol va ascendiendo la sombra del volcán se proyecta sobre la Bordeira formando una enorme sombra de forma triangular.

La sombra del cono sobre la Bordeira-Cabo Verde
Bordeira-Cabo Verde
Conos antiguos-Cabo Verde
Ganando altura-Cabo Verde

Ganamos la última elevación en el borde del cráter con la ayuda de un cable firmemente fijado en la roca. La panorámica de la enorme caldera, cerrada por la Bordeira, es soberbia. Se distingue con claridad el recorrido de los distintos cursos de lava. A lo lejos, entre la bruma, se percibe el océano. El cráter tiene 200 metros de profundidad y 500 metros de diámetro. El olor sulfuroso de las emanaciones del interior llega con el viento. Disfrutamos deslizándonos varios metros con cada zancada durante el descenso sobre las sueltas cenizas volcánicas.

Interior del volcán-Cabo Verde
Chá das Caldeiras-Cabo Verde
Perdiendo altura-Cabo Verde
La Bordeira-Cabo Verde

La última ruta en esta isla será para descender hasta Mosteiros. A poco de empezar a caminar pasaremos por Bangaeira, la otra localidad de Chã das Caldeiras que también fue, en mayor medida, engullida por la erupción de 2014. También aquí se están levantando nuevas viviendas mostrando el afán de la supervivencia humana asumiendo el riesgo de la destrucción que llegará antes o después.  

Bangaeira-Cabo Verde

Salimos de la caldera entre los primeros árboles de la Floresta de Monte Velha, el único bosque de Cabo Verde, compuesto por eucaliptos, cipreses, pinos y un buen número de plantas endémicas. Salimos del bosque por un sendero entre terrazas de cultivos del afamado café de Fogo, patatas, maíz, plátanos, judías… Estamos en el norte de la isla, donde la humedad del Atlántico se condensa sobre las plantas produciendo el agua que necesitan para su existencia. En Pai António subiremos a una furgoneta aluguer que nos llevará a Vila da Igreja, una pequeña localidad junto al mar perteneciente al término municipal de Mosteiros, donde pasaremos la última noche en Fogo.

Monte Velha-Cabo Verde
Monte Velha-Cabo Verde
Bajando entre cultivos-Cabo Verde
Bajando entre cultsivo-Cabo Verde
Ponta da Salina-Cabo Verde
Ponta da Salina-Cabo Verde
Vila de Igreja-Cabo Verde
Vila de Igreja-Cabo Verde

El trayecto en ferry a Brava dura 40 minutos. Nos alojaremos en la capital, Nova Sintra, una ciudad de 1.500 acogedores habitantes y una bella arquitectura colonial. La ciudad es nuestro punto de partida para subir al pico Fontainhas, el punto más alto de la isla con 976 metros de altitud, y descender hasta el océano justo al otro lado de la isla.

Nova Sintra-Cabo Verde
Nova Sintra-Cabo Verde

La ruta gana altura proporcionando una panorámica completa de la ciudad. Caminamos sobre un suelo árido donde sólo se cultiva durante los meses de lluvia. Estamos en enero, plena temporada seca. Pasamos junto a humildes casas aisladas con algún animal doméstico pastando la reseca hierba. El calor del sol se deja sentir en la subida. La vista desde el pico Fontainhas merece la pena. Al este, y entre la bruma, se percibe el perfil del volcán de Fogo y en derredor se nos ofrece una buena parte de esta pequeña isla. Aquí y allá, el verde de la vegetación destaca entre el ocre dominante del terreno.

Nova Sintra-Cabo Verde
Subida a Fontainhas-Cabo Verde
Fogo al fondo-Cabo Verde
Fontainhas-Cabo Verde
Fontainhas-Cabo Verde
Viviendas aisladas-Cabo Verde
Lima Doce -Cabo Verde
Escena cotidiana-Cabo Verde

En el descenso atravesamos la localidad de Nossa Senhora do Monte. Aquí también sentimos una grata sensación de serenidad y armonía. Comemos el picnic sentados a la sombra de unas acacias, junto a una carretera por donde solo pasará un animado grupo de escolares que comenzaron a cantar alegremente nada más vernos.

Nossa Senhora do Monte-Cabo Verde
Nossa Senhora do Monte-Cabo Verde

Un mirador sobre el barranco de Faja d’Agua nos muestra sus espectaculares dimensiones y relieve. Por aquí descendemos, junto a campos de cultivo y caseríos ahora abandonados. Sólo muy abajo encontramos, como un pequeño oasis, un conjunto de árboles y cultivos alimentados por un cercano manantial. Disfrutamos el frescor de su sombra durante unos minutos antes de terminar el descenso en Faja d’Agua, un grupo de casas alineadas en la zona norte de la inmensa bahía donde atracaban los barcos balleneros norteamericanos. En el otro extremo de la bahía hay unas piscinas naturales que sólo se pueden usar con marea baja y poco viento. Nosotros nos conformaremos con mirarlas, pues las condiciones del oleaje desaconsejan el baño.

Barranco Faja d’Agua-Cabo Verde
Barranco Faja d’Agua-Cabo Verde
Barranco Faja d’Agua-Cabo Verde
Barranco Faja d’Agua-Cabo Verde
Faja d’Agua-Cabo Verde
Faja d’Agua-Cabo Verde

Hemos conocido estas dos islas en el mes de enero, cuando la sequía se come los ricos colores que las lluvias avivan. Sin embargo, cualquier época es buena para disfrutar la amable acogida y sentir las ganas de vivir que prevalecen sobre las duras condiciones de la existencia de sus habitantes.

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