Serranía de Grazalema, un paisaje de pueblos blancos y alcornocales

El Rincón del Trotamundos. José Acera Cruz. 8/2/2012

Vaya días, no podíamos haberlo preparado mejor, pues fue estar en un oasis casi desértico, rodeados por un infierno de lluvias y mal tiempo, ¡ y eso que estábamos en una de las zonas de España donde más agua se recoge por metro cuadrado como consecuencia de las lluvias constantes!.

Pero así para nuestro gozo y beneficio, quitando un día, el Jueves llamado Santo, que los cielos se abrieron y descargaron toda la rabia que llevaban dentro, como castigo por permitirnos tener el mundo como lo tenemos, pero ese, es otro asunto…, hemos tenido unos días de primavera espléndidos, en un pueblecito, Benamahoma, como punto de descanso y recuperación, que nos ha tratado con acogimiento, y además nos ha ofrecido entretenimiento de ese que te queda grabado en la retina, pues hemos vivido la historia en directo de los aconteceres del “Lute Serrano”, rememorando la historia relativamente reciente y la más alejada de bandoleros…”una buena persona” según se oye hablar por las calles y supermercados, “pero está pagando el peaje del mundo en el que vivimos”. Independientemente de los motivos, sientes que estás hablando  y presenciando eso de lo que tanto has leído y escuchado, …ahora en vivo y en directo.

Pero los pueblos blancos tienen mucho más, sobre todo alegría, sol, y estética. Estética en sus calles, sus formas, su contraste con el bosque omnipresente en toda la Sierra, como un reducto de oxigeno puro del que se alimenta, gracias a los vientos no solo esta Sierra, sino una gran parte de nuestro país. Pero también es digno de destacar y remarcar una vez más la integración de los pueblos en el entorno, aprovechando valles o laderas, sin maltratar a la tierra que le da de comer.

Grazalema, Zahara de la Sierra, El Bosque, Benamahoma, Ubrique, Benaocaz, Montejaqe y Benaojan, son parte de todo ello, y son de los que puedo hablar de esa manera, pues son los que hemos tenido la oportunidad de conocer, unos entre paso y paso del infatigable caminar del senderista. Otros, acercándonos con el vehículo, bien por la lejanía, o por no estar el día del todo “católico”,( aprovechando el palabro ya que esos días, eran días semanasanteros) y así, me viene también a la mente Ronda, que si bien está fuera del Parque de la Sierra de Grazalema como tal, es un lugar emblemático que no puede dejar de visitarse, y como no deambular con conciencia por sus calles, su gran patrimonio, y admirar, el “Puente Nuevo”, símbolo de la ciudad desde el siglo XVIII.

El castillo-fortaleza de Zahara de la Sierra, es imponente y se alza majestuoso ante su pueblo y lo que hoy es una gran lago formado por el Embalse de Zahara-Gastor, subimos hasta él después de un día pleno, ya que en la mañana habíamos recorrido la Garganta Verde, uno de los tesoros de este Parque mejor custodiados, ¡Atención!, se alimenta de las aguas de los Arroyos de los  Volcanes y de los Bocaleones…y por la tarde, caminamos de cara al embalse por un camino viejo que nos dejó a los pies de la colosal Fortaleza y el encantador pueblo.

Y como no, ese día tuvo otro momento especial,… (pienso ahora que sin duda pudo ser el mejor día, por todo lo que nos deparó). Tuvimos la suerte de recaer en nuestro camino en un viejo molino, parada obligatoria para todo viajero o turista, caserío con solera, pues data del 1.755, como almazara, con su molino, zona de extracción, zona de venta con un aceite que estamos saboreando todos los días, alojamiento rural en un marco incomparable y con todos los artilugios de la época para ser disfrutados por los devoradores fotógrafos. Será un sitio al que vuelva sin duda, pues le debo a su dueño una visita obligada por lo bien que nos atendió en todo momento, amabilidad y hospitalidad.

Hubo una ruta, “El salto del cabrero”, que a mí personalmente me ha gustado mucho, quizá por sus senderos, por la visión amplia que desde su recorrido disfrutas del Parque Natural, quizás por esa medio trepada que realizamos al picacho del salto en el Puerto de San Fernando, quizás por el  tiempo muerto que hicimos algunos de nosotros en la casa-calera, vestigio vivo de lo que fuera una modesta industria en el pasado, quizás por todo un poco.

Cierto es que de esta vertiente hubiera estado muy bien, coronar el “Torreón”, con sus 1.654 metros el pico más alto de la Sierra, pero esto como otras tantas cosas de estos bosques quedarán para otro viaje.

El Pinsapar es el sendero más demandado, por albergar la colonia arbórea más significativa de la Serranía de Ronda, aunque no la única dentro de éste área, en el resto de España no se encuentran, y tenemos que dar el salto al continente africano para disfrutarlo de nuevo en la Cordillera del Rif en Marruecos. Si recordar al viajero, que encontrar plaza para acceder a este sendero no es fácil, por ello es recomendable ponerse en contacto con el Centro del Parque de la Sierra de Grazalema situado en El Bosque, con antelación suficiente.

Pero no olvidemos que estamos en tierra de encinas, quejigos y alcornoques, aunque este último estuvo a punto de palidecer en la época de explotación peletera, Ubrique tiene la fama de la artesanía de la piel, y ha sabido adaptarse perfectamente a la nueva demanda mundial, sin olvidar que el paso artesanal es su característica diferenciadora, así como la calidad de la selección de la piel. Pero volviendo a la anécdota de la piel y su, casi desaparición, tenemos que remontarnos casi a finales de 1.800, donde la extracción de “taninos”, de la cascara del alcornoque para el curtido de las pieles, provocó que no se reparara en pensar en  lo que hoy llamaríamos, “explotación sostenible”, acabando casi con los vastos bosque, y entonces, cual milagro, apareció el vino embotellado y sin tener con que cerrar tan preciado tesoro, “es mejor  llegar a  tiempo que rondar  cien años”, que dice el refrán, y se encontró que el tapón de corcho podía ser el i+d de aquél momento, por lo tanto los alcornocales se dejaron de arrancar, extrayendo de ellos el corcho cíclicamente cada siete años en un aprovechamiento que hasta el día de hoy a garantizado la permanencia de estos sagrados bosques, ¡Gracias Dios Baco!.

No sería justo no hacer mención a la casa donde hemos estado albergados estos días en Benamahoma, la estancia espaciosa y práctica, nos ha permitido estar cómodos y al amparo de la cocina en un acogedor comedor de buenas dimensiones, hacer vida social y perdernos en largas tertulias nocturnas, sin  que hubiese tema en concreto que se resistiese, era fácil, primero por los amigos que allí nos reuníamos y además el lugar de incitaba a ello al calor de un té o de un vaso de leche caliente, faltaba un chorrito de cogñac eso si.

El penúltimo día, sin miedo a la posible lluvia que después no apareció, nos acercamos a visitar Benaoján y la Cueva de La Pileta, otro de esos sitios siempre recomendable, y ojalá hubiéramos tenido más tiempo para hacer el sendero de “Los llanos de Libar”, acercándonos a “La sima del republicano”,…pero bueno no desesperemos, ya habrá otras ocasiones, aquí han quedado muchos rincones pendientes, y tendremos que regresar como este año, iniciando con un buen baño en el mar de Chipiona, y terminando con un paseo y unas tapas en Arcos de la Frontera con un sol radiante.

Aventura y ocio en la Naturaleza

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One thought on “Serranía de Grazalema, un paisaje de pueblos blancos y alcornocales

  1. hermosas imagenes de este maravilloso destino turistico en españa, me encantaria visitar algun dia, mucchas gracias, perfecto el articulo, eres un escritor muy bueno, el mejor en turismo.

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