Cuando recorremos con la mirada la panorámica de cumbres calizas que se levantan sobre las inmóviles aguas del embalse de Riaño, destaca una pirámide que nos recuerda al majestuoso Cervino de los Alpes. Es el pico Gilbo. Aún con solo 1.679 msnm se ha convertido en un destino montañero muy popular cuando las condiciones meteorológicas favorecen un ascenso seguro.

El Rincón del Trotamundos. Javier Elcuaz del Arco
A esta bella montaña se puede ascender en algo menos de cinco horas, recorriendo unos 7 kilómetros y salvando un desnivel de poco más de 500 metros. La aproximación atraviesa bosques y prados con buenos caminos, pero, para movernos por el escarpado relieve que alberga la cima, tendremos que superar pequeñas trepadas y seguir un tramo aéreo y expuesto por una fina arista. Por todo ello, es esencial tener experiencia en montaña para evitar situaciones que comprometan nuestra seguridad y la de nuestros acompañantes.



Para subir al pico Gilbo se puede comenzar a caminar en Carande, en Horcadas, en el aparcamiento situado antes del viaducto que lleva a Riaño o, incluso, desde el mismo Riaño atravesando el mencionado viaducto. La ruta que vamos a seguir comienza en el pueblo de Horcadas, a 10 kilómetros de Riaño. Justo por detrás de su iglesia sale un camino ancho que se interna en un robledal. Señales de pintura blanca y amarilla, seguimos un sendero de pequeño recorrido, nos irán conduciendo hasta salir frente a la mole caliza donde se levanta nuestro objetivo sobre un pradera inclinada.

Dejaremos el itinerario señalizado junto a un cartel indicador donde arranca una traza ascendente que se dirige al collado de la Pedrera, una estrecha hendidura en la larga formación caliza con su máxima elevación a nuestra izquierda, en la cumbre del Gilbo. A nuestra derecha se levanta una cumbre secundaria de esta misma formación. Regresaremos por el collado de la Pedrera, entre ambas cumbres, pero ahora buscamos el inicio de una senda marcada con hitos que corre a nuestra izquierda bajo la roca.




Vamos ganando altura por un terreno cada vez más abrupto hasta situarnos bajo un pequeño arbolito, una sabina, destacando sobre el claro color grisáceo de la caliza muchos metros más arriba. El terreno se complica. La pendiente aumenta. Encontraremos algunos pasos donde utilizaremos nuestras manos para progresar, siempre atentos a nuestros pies para no dejar caer piedras sobre los que nos siguen.





Tras alcanzar el arbolito salimos a la arista occidental del Gilbo. Recorreremos algo menos de 200 metros por esta vertiginosa arista que nos dejará en la ansiada cumbre. Extremando precauciones, buscando los pasos más seguros, siempre encontraremos agarres para avanzar. En ocasiones, la anchura de la cresta permite caminar sobre ella si gozamos de buen sentido del equilibrio.






La panorámica que se contempla cuando ganamos la cima es una de las más impresionantes de la Montaña de Riaño. En días despejados se distinguen las cumbres de la Montaña Palentina, los Picos de Europa, Peña Ten y Pileñes ya en Asturias, el macizo de Mampodre y buena parte de la Cordillera Cantábrica leonesa perdiéndose hacia el oeste. Pero la nubosidad reinante solo nos dejará contemplar a nuestro alrededor las celestes aguas del embalse de Riaño y los montes más cercanos.

Vamos a bajar por la cara norte siguiendo la senda, bien visible, que desde la cima nos lleva a un pequeño collado. Usando nuestras manos en algunas ocasiones, descendemos la fuerte pendiente que salva el sendero bien marcado por el paso de los cientos y cientos de personas que nos han precedido en esta ruta a lo largo de los años.
Cuando la pendiente se suaviza, el camino sigue junto a la pared de roca y podemos recrearnos contemplando el cono truncado que conforma el Cueto Cabrón levantándose sobre el hayedo circundante luciendo sus galas otoñales contrastando sobre el azul intenso de las aguas embalsadas.

Al franquear el collado de la Pedrera se abre ante nosotros la verde pradera por donde llegamos desde Horcadas. Continúan llegando montañeros por la senda de Horcadas y Carande y por la que sale del hayedo Vallarqué, procedente del aparcamiento cercano al viaducto.

Ya solo nos queda regresar por el mismo camino que nos trajo desde Horcadas para completar una corta, pero intensa, jornada montañera de la que guardaremos un gratísimo recuerdo.
El embalse de Riaño aporta un indiscutible aliciente estético y/o deportivo a esta comarca. Pero su construcción, envuelta en una fortísima polémica durante varios años, destruyó la cultura y la vida tradicional de nueve pueblos que fueron desalojados a la fuerza. También se perdió para siempre toda la belleza y riqueza natural de varios valles.


