La calzada romana de Alpajares, un recorrido por el curso bajo del Duero

Manolo López

El pasado domingo repetimos “percurso”, como dirían los portugueses, en las proximidades de Barca d’Alva. Ruta cortita pero espectacular en un día para disfrutar de pajarillos, pajarotes y bichos varios, a algunos de los cuales pude fotografiar… Me faltó la pareja de cigüeñas negras que había por la zona… Por la tarde estuvimos en el minimercadillo de Barca d’Alva y nos tomamos un café en una de las terracitas que hay en la zona en plan veraniego…

Un agradable día a orillas del río Duero, donde las aguas bajan marrón, apacibles, arrastrando los sedimentas que han erosionado en las llanuras de la meseta ibérica. En su lento y crecido fluir forman remanso y remolinos que giran y chapotean entorno al embarcadero, los…. del puente y las ramas de los árboles y juncos que crecen junto al río.

Un paisaje de riberos escavados por el río en la pizarra cuartita que han sido colonizados por el hombre durante los ultimo milenios, construyendo huertos sobre bancales arrancados a la tierra donde crecen naranjos, olivos, viñedos, olivos y hortalizas.

La calzada de Alpajares, también conocida por “Calçada do Diabo” es de origen romano, y recorre la ladera de un monte con una extensión de 800 metros. Se inicia en el castro de Sao Paulo y va hasta la “ribeira de Mosteiro”. En conjunto son 28 curvas en un recorrido sinuoso hecho en piedras de pizarra que son enlazadas en forma de “patamar”. La calzada está referenciada desde el siglo XVII. Junto a la necrópolis de Sao Paulo, en la Fraga do Gato,  es posible ver una figura rupestre que, según todo indica, será de una nutria.


Durante el recorrido es posible apreciar las marcas dejadas por los movimientos tectónicos de hace millones de años. Fallas y sedimentos cuarcíticos construirán murallas que más parecen auténticos bastiones defensivos, como el muro de Avalona, una formación geológica que se asemeja a un trozo de la Gran Muralla China.


Dice la leyenda que en tiempos antiguos toda esta zona estaba ocupada por barrancos y precipicios inmensos. Un caballero viniendo de Barca d’Alva en una noche de tempestad llegó a las orillas de la Ribeira do Mosteiro, que iba muy crecida. Dada la imperiosa necesidad de atravesar el bravo curso de agua, pues le aguardaba impaciente su amada, suspiró afligido “Válgame Dios o el Diablo”. Fue Satanás quién apareció a su llamamiento y dijo: “Si me das tu alma, antes que cante el gallo negro te daré un puente y un camino para que puedas seguir con tu caballo sin peligro alguno.

El caballero aceptó y el infernal albañil y sus acólitos se pusieron a construir una calzada entre los roquedos, distribuyendo 18 elegantes “lancetes en gogos” de la ribera bajo el sonido estridente de cantares de brujas que se reunieron en el lugar para festejar la conquista de un alma más. Cuando el gallo cantó tres veces aún quedaban por colocar las dos últimas piedras del puente. El caballero, libre de su compromiso, prosiguió su viaje y el Diablo, enrabietado, desapareció con sus acólitos a través de un gran agujero que se abrió entre los peñascos.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *