LA SIERRA DE TORMANTOS, REFUGIO DE MAQUIS Y LEYENDAS

Texto y fotografía de Javier Elcuaz del Arco

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Entre el valle del Jerte y la comarca de La Vera, se eleva la sierra de Tormantos, un contrafuerte que deriva del sistema central y desciende hacia el sur hasta encontrarse con la ciudad de Plasencia, capital de la alta Extremadura. Entre sus riscos los maquis encontraron un efímero refugio que les sirvió de cobijo y resistencia en la posguerra civil, y nacieron leyendas como la de la Cueva de la Serrana de la Vera, una oquedad natural bajo una peña de granito donde una doncella, engañada en amores, decidió vengarse de los hombres, seduciendo a cuantos pudo antes de matarlos.

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A los que ayer salimos al monte, una fresca brisa nos acompañó durante toda la jornada, y junto con la energía que dan los calores del verano que revitaliza a los piornos, retamas y cantuesos de montaña, nos dio alas y la suficiente energía para recorrer el trayecto desde el alto puerto del Piornal hasta el collado de las Yeguas. En este lugar enlazamos con la ruta de Carlos V proveniente de Tornavacas en el Valle de Jerte, y bajamos a Jarandilla de la Vera, atravesando los bosques de robles y castaños, los fértiles huertos de cerezos, tabaco, pimientos, olivos, frambuesa y el largo etcétera de los productos que proporciona el abundante agua de Gredos y las ricas tierras de la comarca extremeña de La Vera.

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Una comarca que guarda hermosos paisajes, una frondosa vegetación y un clima muy benigno durante todo el año, capaz de enamorar a emperadores, viajeros románticos, aventureros y amantes de la naturaleza en su estado más salvaje, que disfrutan de la abundante flora y fauna que guardan estos parajes y del agua que discurre por sus agrestes gargantas. Una tierra salpicada de pueblos serranos que conservan una rica arquitectura tradicional, y dos emblemáticos monumentos que son el orgullo de sus habitantes, el Monasterio de Yuste, enclavado en la vertiente sur de la sierra de Tormantos, y el castillo de los condes de Oropesa, en Jarandilla de la Vera, ambos monumentos relacionados con la estancia en la comarca del Emperador Carlos V que eligió estos parajes para pasar sus últimos días.

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