Doñana, todo era nuevo y salvaje

Ahora que el mundo se encuentra sumido en una crisis sin precedente del clima, cabe recordar aquellos tiempos en los que contracorriente se protegieron en nuestro país algunos espacios naturales, protección que determinó que estos valiosos lugares hayan llegado asta nuestro días, en parte, tal como los recibimos de nuestro antepasados. Es el caso del Parque Nacional de Doñana, uno de los espacios naturales más importantes de Europa.

DOÑANA. Todo era nuevo y salvaje

El Rincón del Trotamundos

El libro que presentamos, describe como se gestó este parque y las muchas dificultades que tuvieron que superar los promotores para llegar a la protección de estos territorios. También nos muestra la vida cotidiana de la gente que vivía en estas tierras y sus actividades agrícolas y cinegéticas. El libro en si, es una autentica joya literaria fiel a su tiempo y un recuerdo grafico de gran valía, pues en el mismo se publican muchas fotografías realizadas en lo que hoy es el Parque Nacional de Doñana.

Escrito en forma de novela-reportaje, por Jorge Molina, describe con rigor histórico y preciso la etapa que transcurre entre 1940 y 1970, cuando una colonización de jornaleros andaluces y agricultores valencianos llegó a una comarca sin habitantes e infectada por el mosquito del paludismo. En esa zona existían dos ‘islas’, la Mínima y la Mayor, produciéndose un choque cultural, pues los valencianos hablaban su propio idioma, como de clase, ya que la casta dominante eran unos pocos terratenientes, aspecto este que se refleja en la aclamada película de Alberto Rodríguez ‘La Isla Mínima’.

Además el libro, permite conocer las durísimas condiciones de vida en las que vivían los braceros andaluces en esta comarca, donde las muertes eran habituales por mero desfallecimiento de hambre en plena posguerra española. El relato incluye los hechos ocurridos durante más de tres décadas en la contigua Doñana, coto privado de caza para los señoritos del régimen que cambió por completo con la llegada de los valencianos.

El peligro de que el Bajo Guadalquivir acabara convertido en una plantación de eucaliptos, como así sucedió en otras partes de territorio peninsular, se eliminó gracias a otra epopeya igual de increíble. Un joven desconocido y sin estudios, que ya es decir, José Antonio Valverde, logró que el Estado franquista comprara esas tierras y, además, las convirtiese en un parque nacional, algo inédito para la época.

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