Praga. La ciudad dorada

Es un placer caminar por Praga. Por todas partes encontramos monumentos y edificios con variados estilos arquitectónicos a cuál más interesante. Los barrios de Malá Strana y la ciudad vieja, e incluso la nueva, invitan a perderse; cada rincón, cada fachada tienen detalles para disfrutar sin prisas. A pesar de su situación en Centroeuropa, ha aguantado guerras y cambios políticos convulsos. Es lógico que su centro histórico está reconocido como patrimonio de la humanidad.

 

Ciudad de Praga-Republica Checa

El Rincón del Trotamundos. Javier San Sebastián

 

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El castillo es la ineludible primera cita. Más que un castillo es un enorme recinto de palacios, fortificaciones, iglesias y otros edificios que desde hace siglos ha sido ocupado por las clases dirigentes. Su tamaño es inmenso, tanto como que es el mayor existente en el mundo. En su interior, se alza la catedral gótica, a la que sólo se puede acceder durante los horarios de apertura de la gran ciudadela.

Malá Strana y la Ciudad Vieja están separados por el río Moldava y comunicados por varios puentes; el más importante, el de Carlos IV, construido en el s. XIV. El núcleo histórico es fácil de recorrer caminando. Las torres, con sus característicos tejados inclinados, dotados de pináculos y esferas doradas, se suceden. Por todas partes se ven palacios, casas señoriales, iglesias decoradas con un barroco abrumador, plazas, teatros y edificios de interés. El famoso reloj astronómico estaba siendo reparado, por lo que desafortunadamente no pudimos verlo en funcionamiento. Mientras acaban el mantenimiento, han instalado en la torre del ayuntamiento una pantalla que lo reproduce.

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Mención aparte merece el antiguo barrio judío, con sus seis sinagogas históricas y el imponente cementerio. En una de las sinagogas las paredes interiores tienen escritos los nombres de los cerca de 80.000 judíos checos asesinados durante la ocupación nazi.

El modernismo también ha dejado su marca de identidad en numerosos edificios, que se pueden encontrar tanto en la ciudad vieja como en la nueva, pero se pueden ver edificios cubistas, contemporáneos, barrocos…

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Una visita a Praga es una buena oportunidad para asistir a alguno de los muchos conciertos que se organizan cada día en decenas de lugares. También se pueden visitar varios edificios como el Clementinum, donde se efectuaron observaciones astronómicas históricas y desde cuya torre hay unas vistas fantásticas de la ciudad.

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Otro asunto es el gastronómico. Hemos disfrutado de buena comida por precios muy razonables. Todo está rico: el pato asado, el codillo asado, las klobási (salchichas a la parrilla), los dumplings (rodajas de una masa hecha con trigo o patata, hervida en agua), el goulash en hogaza de pan (es un plato húngaro importado a Chequia que se sirve en el interior de un pan al que se ha retirado la miga) o la carne de cerdo asada con col agridulce.

Tema aparte es la cerveza, una auténtica bebida nacional, famosa y por muchos motivos. En cada pub es de una forma, más o menos turbia, con matices de espuma, olor o sabor y siempre bien tirada. En muchos lugares tienen los tanques a la vista. El precio anima a probarla.

Datos prácticos:

Fechas: 13 al 17 de marzo de 2018.

Viaje: Volamos con Ryanair. Despega de Barajas a las 6,15 h. El vuelo de vuelta regresa a las 9,35. El vuelo dura unas tres horas. A nosotros nos costó 102 € cada billete de i/v.

Transfer: Se puede hacer con los autobuses 100 ó 119 entre el aeropuerto y las líneas de metro (A o B). En este enlace se explica.

Si se viaja en grupo es más cómodo (aunque más caro) reservar un transporte con antelación que nos recoge en el aeropuerto y nos deja a la puerta del alojamiento (nosotros pagamos 30 € para siete personas).

Visitas: Decidimos hacer un par de visitas guiadas en castellano, una de ellas al Castillo y barrio de Malá Strana y otra a la Ciudad Vieja. Las hicimos con “Free Tour” y guiados por el salmantino-sevillano Pablo. Quedamos muy satisfechos con ambas visitas. Es una forma fácil de ir directamente a los lugares de mayor interés, comprender su significado, evolución histórica, datos y curiosidades de una forma amena. Ciudad vieja: gratis, se paga lo que se quiera. Castillo, 8 €.

También es recomendable, en mi opinión, asistir al teatro negro de Praga. Hay varios. Nosotros fuimos al Black Light Theatre SRNEC en la Na Prikope 10. (20 €).

Igualmente, hay una gran cantidad de conciertos en salas históricas. Merece la pena ir a alguno (información de casi todos en el pasaje a la entrada de la iglesia de Tyn, en la plaza de la ciudad vieja).

Alojamiento: Reservamos en los apartamentos “Riverview”. Buena situación, junto al puente donde está la “Casa Danzante”, amplio, cómodo y con precio muy razonable (502 € para siete personas, cuatro días).

Comidas: Comimos bien y bebimos buena cerveza en todas partes, pero recomiendo especialmente el Ferdinanda, Praga – Karmelitska 379/18, Malá Strana. Si podéis, pedid codillo asado.

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