Bolonia y Rávena

El Rincón del Trotamundos. Javier San Sebastián

Bolonia

La ciudad italiana de Bolonia, situada a medio camino entre Florencia y Venecia está llena de atractivos. Su parte histórica, cómoda para caminar, es muy extensa y está extraordinariamente bien conservada.

Fue famosa por sus canales y las más de 100 enormes torres que se levantaron en los siglos XI y XIII ¡una auténtica Manhattan del medievo! Casi cada palacio tenía su torre, que no sólo constituía un elemento defensivo sino una muestra de poder y prestigio. En la actualidad aguantan en pie unas 40 torres, de las cuales las más famosas, las due Torri, se alzan en el centro, ambas torcidas y una de ellas desmontada en su mitad en el siglo XIV para evitar su derrumbe. La mayor, llamada Asinelli, mide 98 m de altura y es accesible. La vista desde su parte superior es magnífica.

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Existen multitud de palacios, edificaciones e iglesias de interés. En una de ellas, la espectacular e inacabada basílica de San Petronio, Carlos V fue coronado emperador por el papa Clemente VII en 1.530.

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Una de las características diferenciales de la ciudad son sus más de 35 km de calles dotadas con pórticos o soportales, lo que es una auténtica ventaja para evitar la lluvia, el sol o el tráfico. Su origen procede de la necesidad que tuvo la ciudad de ampliar su capacidad. Las murallas impedían construir más en el interior, por lo que algunas casas empezaron a dotarse de “sporto”, balcones de madera que ampliaban la capacidad de los pisos por encima del de entrada. Muchos de ellos necesitaron columnas exteriores de soporte, convirtiéndose poco a poco en pórticos que se hicieron comunes hasta llegar ser parte de la construcción normal de cualquier vivienda.

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La universidad de Bolonia es la más antigua de Europa; continúa siendo muy importante, lo que colabora en el ambiente alegre y vivo. Hay muchos lugares de ocio, de actividades culturales y de encuentro.

Es envidiable el aprovechamiento que existe de algunas construcciones antiguas, como museos, bibliotecas y otros edificios públicos, además de los usos comerciales y privados, como ocurre en varios mercados que se reutilizan para bares, restaurantes y tiendas donde comprar comida y bebida para disfrutarla en instalaciones comunes del propio edificio. La sorpresa del viaje fue encontrarnos en un medallón con el “retrato” de nuestro amigo Rafa, el Trotamundos jefe. Quien le conozca, sabrá bien por qué lo digo.

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Aprovechamos la estancia para visitar también la ciudad de Ravenna, situada a 85 km. La ciudad tiene un gran interés, especialmente por sus templos paleocristianos y sus fantásticos mosaicos de los siglos V y VI.

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En ambas ciudades nos ha llamado la atención lo extendido que está el uso de la bicicleta, y no sólo entre la gente joven. Se usa mucho, de forma cotidiana y con gran naturalidad y aceptación.

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Algunos datos y recomendaciones adicionales (las relacionadas con la comida son impresiones personales, nada que ver con propaganda o algo así):

  • Volamos desde Madrid con Ryanair. Desde el aeropuerto hay un autobus que hace el viaje al centro. Cuesta 6 €. El taxi cuesta unos 20 € (mejor preguntar antes; es una buena opción si van tres o cuatro personas).
  • Para los autobuses urbanos hay que comprar el billete o bono en estancos y validarlo en la máquina del autobús. Hay bastante control y ponen multas a quien viaja sin billete (o con él pero sin validar).
  • Cuando estéis por el centro de la ciudad, el mercato di Mezzo es una buena alternativa a la comida rápida. Se trata de un antiguo mercado reutilizado. Hay varios puestos donde comprar la comida, allí nos la prepararan y se consume en mesas comunes (hay pasta, piadinas, pizzas, fiambres, embutidos locales, pescado frito, vinos, cervezas, cafés, etc. Un poco agobiante si es la hora punta porque no es muy grande.
  • Otro mercado muy original, en este caso reutilizado tras su uso tradicional como venta de frutas, verduda, pescado, etc. es el Mercato delle Erbe. Cuando cierran los puestos abren otros que son bares de raciones o restaurantes. En algunos se pueden comprar los productos antes de que nos los preparen (por ejemplo el pescado). Muy original.
  • Si os gusta la pasta fresca, cocinada de modo tradicional y todo delicioso, no dejéis de ir al barrio de Il Pratello (Vía del Pratello, 69), a un pequeñísimo establecimiento llamado Pasta Fresca Naldi. Se compra la pasta, que nos cocinan las propietarias, cuatro mujeres ya mayorcitas. Cuando lo tienen listo nos lo dan en recipientes. Al lado hay un par de terrazas donde se puede comer, tomando (o no) la bebida del bar. ¡Absolutamente auténtico!
  • Nuestra experiencia de Bolonia es que se come bien casi en cualquier sitio, pero no puedo dejar de recomendaros el restaurante “E Cucina Leopardi”. De lo mejor, por ambiente, atención y calidad. Eliges carne, pesado o vegetariano y te ponen platos “sorpresa”, todos memorables. Hay otro “E Cucina 24” también muy bueno para comer de menú (mása feo e impersonal pero más barato) con un buffet postres muy buenos.
  • Hay una costumbre que aquí llaman “el aperitivo”. Se hace normamlente sobre las siete de la tarde y consiste en pagar una bebida con derecho a coger los pinchos que se quieran de un buffet. Es muy variado. Mejor ir a sitios que nos recomiende alguien de confianza. Casi todos están abarrotados, especialmente con gente joven.
  • El aeropuerto de Bolonia es una buena opción también para ir a Venecia cuando los precios allí son más altos: la comunicación por tren entre ambas ciudades es buena y los precios baratos siempre y cuando se compren con antelación. Por cierto, hay dos empresas que hacen este viaje y es importante que si compráis el billete en la estación lo validéis en la máquina del andén. No hacerlo implica sanción.

 

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