Sierra Cabrera, aventura en noche de luna creciente

El Rincón del Trotamundos. 30/10/2014

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Era un día de otoño de luna creciente cuando nos embarcamos en una aventura por la sierra de Cabrera, aunque a decir verdad más parecía un día de final del verano, pues el sol apretaba de lo lindo y la calima apenas deja ver el azul del cielo. En la caminata por la sierra de Cabrera, el viento estaba ausente, por lo que el sudor brotaba con facilidad por los poros de la piel empapando la camisa y marcando en la cara la huella de la crema solar.

San Martín de Castañeda

Tras bordear la laguna de Los Peces, continuamos la senda hasta subir a la laguna de las Yeguas. El sonido de nuestros pasos rompía el silencio de las altas planicies de esta sierra, planicies cubiertas por piornos rastreros y brezos enanos que tapizan los pobres suelos de pizarra. Al ser estos montes tan planos en las alturas, las distancias engañan bastante y de alguna manera se agigantan los espacios, parece que todo queda cerca pero es un espejismo, te pones a caminar y el camino parece que se alarga y alarga hasta el infinito.

Laguna de Las Yeguas

Pronto llegamos hasta los riscos de los Tres Burros, unos salientes rocosas que como penitentes sobresalen en plena sierra. Situados ya en la divisoria entre León y Zamora, el paisaje te deja perplejo ante los contrastes que nos encontramos entre la vertiente sur de la sierra y el norte. En este punto damos vista al valle de Cabrera y el río del mismo nombre. El lugar es impresionante, profundos barrancos de origen glacial se hunden en la tierra y descienden abruptos hacia el valle. Los esquistos de pizarra sobresalen erosionados por el viento, el agua y los hielos y como si fueran cuchillos se desparraman por la sierra.

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Sanabria

En ciento ochenta grados, el paisaje que contemplamos es espectacular. Al oeste el río Tera y la sierra Segundera, en cuya cabecera se encuentra Peña Trevinca y Peña Surbia, junto con el pico Moncalvo, las tres cimas más altas de estas montañas. Al norte, el río Cabrera y los montes Aquilianos presididos por el pico Teleno. Al este se extiende hasta perderse, la sierra de Cabrera, y al sur, se sitúa la artesa del lago de Sanabria. Un paisaje modelado por los hielos que durante siglos cubrieron las alturas de estas montañas dejando un relieve excepcional, único en la Península.

Sierra de Cabrera

En nuestra pequeña aventura de exploración por la zona, descendemos por uno de los muchos barrancos que se abren en el norte de la Sierra de Cabrera, en dirección al pueblo de la Baña situado en el fondo del valle. Por el camino se suceden las cascadas de agua que saltan por los resaltes para esconderse entre las espesuras del bosque de ribera que crece por estos lares. Descendemos con relativa rapidez, el sendero es cómodo y esta muy limpio de monte. Estamos un poco preocupados, los días ya son cortos y la distancia que debemos recorrer al regreso para llegar al punto de partida es considerable.

Sierra de Cabrera

La vegetación de la vertiente norte de la sierra es, fundamentalmente, de monte bajo, brezos, piornos y escobas, en el curso de los ríos, crecen jóvenes abedules que en esta época del año se visten de amarillo, color que contrasta con el verde intenso de los piornos y los brezos. En la parte baja del valle aparecen chopos, robles, alisos y los nogales que salpican los huertos llenos ya de berzas y otras hortalizas de invierno aunque el clima reinante nada les favorece.

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Sierra de Cabrera

La tarde se escurre con rapidez y en el pueblo de la Baña, los paisanos nos informan de que no hay otro camino para cruzar la sierra más que el que hemos traído, con lo cual, tras comer un poco y degustar las jugosas manzanas que nos ofrecen amablemente unos lugareños, emprendemos el camino de vuelta siguiendo el mismo itinerario que hemos utilizado para bajar hasta La Baña. Como decían en el pueblo, siempre es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer.

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Valle del río Cabrera

Llegamos con sol a lo alto de la sierra pero como la distancia que nos separa de la laguna de los Peces donde tenemos el coche, aun es considerable. La noche se nos hecha encima y tenemos que orientarnos por la luna, un poco de intuición y algo de suerte hasta encontrar el camino que nos llevaría al lugar de partida. No faltó algún que otro susto, olvido de linterna y pequeñas desavenencia. Una aventura más para no olvidar y para recordar en la memoria de días y momentos agradables vividos en la naturaleza, una naturaleza que nos hace indefensos en cuanto perdemos la orientación y la seguridad de los medios con los que nos solemos proteger.

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Abedules, Sierra de Cabrera

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