Lagunas de Villafáfila, un paraíso para las aves

 

El Rincón del Trotamundos. 9/2/2013

Situadas en plena Tierra de Campos, al noroeste de la provincia de Zamora, sobre las extensas planicies esteparias de la vieja Castilla, se conserva un valioso conjunto de lagunas que constituyen un verdadero oasis de vida; lagunas de aguas salinas donde el líquido se esconde entre la apretada masa de vegetación que aflora en la superficie y se pierde en las extensas llanuras de las tierras de cereales, que se suceden hasta desaparecer por el horizonte.

Un paisaje donde la vista sólo encuentra pequeños pueblos de adobe, algunos semiabandonados en los que se alzan, sobrias y misteriosas, las viejas espadañas de las iglesias, abadías y monasterios que son testigos de tiempos pasado en los que estas tierras eran el granero de la Península Ibérica el sustento de una numerosa cabaña ganadera.

Esparcidos por la penillanura y confundidos con el color ocre de la tierra, se divisan a punto de derrumbarse, las típicas construcciones de adobes de los curiosos palomares que, a modo de observatorios, se sitúan esparcidos por los campos, edificaciones que guardan cierta semejanza con las típicas casas de los nómadas del Tíbet.

Son estas lagunas los últimos humedales que se conservan en los páramos de tierras de campo; otros muchos existentes en la zona corrieron peor suerte y fueron destruidos en la década de los años 60, en el afán de roturación de las tierras bajas, para el cultivo de cereales.

Sorprende al acercarse hasta estos humedales el silencio sepulcral con el que nos recibe el frío amanecer, cuando las últimas nieblas de la noche aún cubren las lagunas, en ese silencio penetrante y embrujador, donde la luz naciente, inmaculada y pura, invade las vastas tierras arcillosas de la estepa. En esos instantes en el latir de la naturaleza, se adivina a lo lejos un devenir de hermosos y bellos cantos de miles de aves que comienzan a acudir a estas horas tempranas del día a las lagunas y las tierras de sembrados del entono.

En un momento de tensión el cielo se oscurece y la tierra vibra, el silencio se rompe y la naturaleza se enfurece en un desgarrador delirio, llenando de color y sonido este inmenso escenario natural, donde los templos del hombre se yerguen sobre las ruinas del pasado, miles de aves comienzan aparecer por el horizonte. Aves de todas las especies que durante el otoño bajan hasta estas lagunas a invernar o, de paso, hacia sus cuarteles de invierno en África.

Del pueblo de Villafáfila, en dirección este parte una pequeña carretera que nos lleva hasta la Casa del Parque, un centro de interpretación de las salinas. En este centro ofrecen toda la información necesaria para recorrer el parque, los Uno de los recorrido discurre por una pista forestal y pasa por la Laguna Grande, el puente romano, la Laguna de Barillos que se bordea por su parte norte. Es de suma importancia respetar las señales, en las que se indica no traspasar los límites de la reserva, y no molestar en ningún caso, a los animales.

Completado el círculo de la Laguna de Barillos, se enlaza de nuevo con la pista que va rodeando la Laguna Grande hasta llegar a las ruinas de Otero; desde estas fantasmagóricas ruinas, se sigue por las inmediaciones de la Laguna de Salina hasta alcanzar el poblado de Villarrín de Campos, donde se enlaza de nuevo con la pista que bordea por la parte oeste las lagunas para completa el recorrido en los aledaños de Villafáfila.

En las Proximidades de la Reserva Natural de Villafáfila, el viajero tiene una visita obligada para contemplar las ruinas del Monasterio de Moreruela, un lugar que hechiza al visitante, especialmente si la visita se hace al caer la tarde, o en las primeras oras de la mañana, cuando las sombras de los árboles y las ruinas son alargadas. En esos momento, el sol ilumina de rojo los grandes arcos, el abside central de la iglesia y la esbelta espadaña que sujeta los nidos de cigüeña.

Momentos de misterio, de recogimiento, de silencio y de reflexión compartida con los espacios vacíos que llenan este templo, donde los capiteles se amontonan sin orden en la nave central y los ventanales se abren al campo. Espacios de tinieblas de los que  emergen las esbeltas columnas que sostienen en penumbra las ruinas de la historia que atesoran las piedras y muros de este antiguo monasterio.

Luces que se cuelan por las ventanas del tiempo iluminando muros sin techo, sin puestas y sin huéspedes que proteger. Esbeltos arcos que en el pasado sostuvieron las vidrieras de colores por las que la luz y el sonido del campo penetraba en el interior ausente de la oscuridad, una oscuridad de la que emanaba este espacio de silencio en medio de la campiña, de los caminos y de las peregrinaciones en las que el hombre redimía su penitencia.

INFORMACIÓN PRÁCTICA

ALICIENTES: A estas lagunas acuden durante el otoño y la primavera cientos de miles de aves acuáticas, invernantes y migratorias; la colonia más numerosa son los ánsares comunes y campestres 17.000, las grandes espátulas, avutardas, grullas y cigüeñas negras, el pato cuchara y el ánade real, son alguna de las muchas especies que pueden ser observadas durante la visita a las salinas de Villafáfila.

ÉPOCA RECOMENDADA: Otoño, invierno y primavera. Los mejores momentos para disfrutar contemplando las aves son las primeras y últimas horas del día. Conviene venir previstos de unos prismáticos.

INFORMACIÓN: Casa del Parque El Palomar. Carretera Villafáfila _ Tapioles. Km. 1,5. Villafáfila 49.136. Zamora. Tel. 980 58 60 46e-mail: villafafila.ren@jcyl.es

TRANSPORTE: De Zamora parten diariamente autobuses a Villafafila, estación central de autobuses, Tlef.: (988( 52 12 81.

ALOJAMIENTO:

MAPAS: Servicio Geográfico del Ejército, escala 1:50.000, hojas 308, 309 y 340.

 

 

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One thought on “Lagunas de Villafáfila, un paraíso para las aves

  1. Felicidades por el documento. Particularmente, me quedo con la magia que tiene ese lugar, en el que ya estuve dos veces y siempre salgo impresionado: Monasterio de Moreruela.

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