Exposición, “Tráeme flores mientras no esté muerto”

 

Nacho Torra, del 25 de Octubre al 23 de Noviembre de 2012

El Rincón del Trotamundos. Tania Pardo. 23/10/2012

Con apenas veinte años y todavía estudiando en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca,  Nacho Torra exponía por primera vez en esta madrileña galería y lo hacía con sus alegres cuadros, su trazo ágil y sus historias fragmentadas. Escenas que destilaban algo de antiguo, sin dejar de ser joven. Han pasado dos años y el artista presenta su segunda exposición individual en la Fresh Gallery, a través de un recorrido por más de cuarenta cuadros con el que el artista reflexiona sobre uno de los aspectos esenciales del género naturaleza muerta: la pintura de flores.

Un género, por otro lado que, a lo largo de la historia, ha sido representado por artistas como Van Gogh, Matisse, Picasso, Honckney o Henri Rosseau, y que, en este caso, son para el artista un claro referente y punto de partida.

En toda la obra de Nacho Torra hay algo secretamente contradictorio, que se pone de manifiesto, sobre todo, en esta exposición titulada Tráeme flores mientras no esté muerto, con la que vuelve a crear, a través de enérgicos trazos y colores brillantes, movimientos obsesivamente cambiantes: pinta y repinta, borra y añade nuevos elementos una y otra vez, que sólo son frenados en el momento que están dispuestos a los ojos del espectador.  Porque Nacho está obsesionado con el propio proceso de creación y la manera en que un cuadro va construyéndose, de hecho, la experiencia de esa cimentación es la que desea compartir con los demás.

Quizá por eso esta exposición sea el resultado de un proceso de investigación sobre todo tipo de vegetación y plantas y, particularmente, sobre las flores que se depositan en los cementerios. “Me interesaba el hecho de regalar flores cuando uno está enfermo o se ha muerto y la corta vida que tienen esas flores, siempre se marchitan. Empecé a ir a los cementerios a ver las flores que la gente ponía a sus familiares y comencé a ver la “fauna del cementerio”: hormigas, gusanos, mariposas, moscas…”.

Pero esta vez, ha ido más lejos, no sólo las ha trasladado al lienzo sino que, con ello, ha conseguido generar una dicotomía entre la connotación de llevar flores a un lugar sin vida y el modo tan vital en que las representa en el cuadro. Porque las flores que aparecen en estas planas perspectivas no mueren, por el contrario, permanecen vivas en su representación. De modo que establece una relación entre la vida y la muerte de una manera directa. Es palpable, incluso, la insinuación autobiográfica que desprende cada uno de estos lienzos y la simbología afectiva que reside en los motivos florales.

La pintura de Nacho Torra está sin duda emparentada con cierta estética vanguardista o con un trazo infantil que recuerda a la Compagnie de l’Art Brut o las pinturas de Jean Dubuffet. Sin duda, como señaló Rafael Doctor, sobre estas narraciones silenciosas: “Lo que vemos es siempre mucho más de lo que vemos”.

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