Vacaciones en la Isla de Formentera

 

Rincón del Trotamundos. José Acera Cruz. 2/4/2012

No tiene mucho que comentar la isla, aunque solo sea por lo diminuto de su tamaño. Bueno sería poco serio no admirar la costa que tiene esta isla “Pitiusa”. En sus solo 69 kilómetros de litoral, alberga playas paradisíacas, su altura máxima,  allá por el Pilar de la Mola es de escasos 200 metros, y unos 20 kilómetros de largo. Sin embargo, y para que la grandeza no falte, se adivina a poca distancia una gran mole de roca y vegetación, Ibiza, no le separan más de 3,5 kilómetros de las transparentes aguas del Mediterráneo, en este lugar.

La posidonea, tiene aquí un reducto de tapizado que consigue sintetizar las aguas, para deleite de nuestra vista y como imagen comparativa de lo que debía de ser en la mayoría del Mediterráneo , pero claro, eso de ser, fue en tiempos remotos, y en los actuales ya nos encargamos el hombre de ir destruyendo poco a poco.

En el interior de la isla, para nosotros,  resaltan Las Salinas, ese espacio dominador  y protagonista  desde el siglo XVIII, hoy  declarado reserva natural y catalogado como área de protección estricta. Son muchas las aves que aquí encuentran cobijo en diferentes épocas del año, y solo la presión turística que ejercemos está haciendo peligrar este  singular entorno.

“Ses salines”, es uno de los tres lagos que contiene la isla, sus aguas salobres, y el recuerdo de lo que fue, lugar habitual y diario de trabajo, marcan sin duda al visitante, sobre todo si al amanecer te dejas rodear de sus muros de contención perfectamente alineados, el silencio sepulcral,  los canales, por donde en marea alta discurre el agua y la sal, esa sal multiforme que se apelmaza en las orillas, entre pequeños charcos de agua rosáceos, semejando un paraíso lunar, o cuando menos paisaje de otro planeta hoy no conocido.

El muro de contención que defiende las salinas del viento de Levante lo conforman las dunas y su vegetación, preferentemente sabinar, en un ancho de no más de 150 metros, para dejar paso a las playas de Levante, con su oleaje constante y su arena blanca. Contrasta este,  con las playas del Poniente, donde, exceptuando cambios de tiempo,  la calma es protagonista y las aguas nos ofrecen su transparencia e inmovilidad para poder llegar a ver,  incluso hasta 10-15 metros en profundidad, (una auténtica piscina de agua climatizada además).

Nuestros continuos paseos en bicicleta por la isla, nos están permitido conocer todos los rincones más llamativos, así alcanzamos su máxima altura pedaleando de punta a punta, desde el puerto de La Sabina hasta el faro del Pilar de la Mola, y ascendiendo bici en mano por el viejo camino empedrado,  llamado “Camí de sa Pujada”, que esconde como premio una de las bellezas paisajísticas de la isla, entre los pocos claros que te permite el bosque de pinos que cubre la subida. Los múltiples caminos señalizados que recorren los tres lagos, te permiten saborear con tranquilidad este inusual lugar.

Tanto el faro del Pilar de la Mola como el faro de Barbería, o “Cap de Barbaría” están situados como no podía ser de otra manera en las zonas mas abruptas de acantilados en la isla, mostrando allí el mar, su fuerza y admiración. En Barbaría, lugar al que he llegado el pasado amanecer pedaleando, me ha sorprendido gratamente con su soledad y  vacío, es la zona de la isla menos habitada, que digo yo, nada habitada, invitándote a disfrutar de esos  momentos como únicos en el frágil recuerdo que nos quedará de la isla a vuelta de estos días, también guardaré de este lugar el recuerdo de la lagartija endémica y su encendido color verde casi fluorescente. En este lugar se han acercado de manera inusual, entreteniéndose entre mis pies mientras disfrutaba de las vistas.

Un grato descubrimiento  para el viajero que recala en esta isla, es la visita de la que podríamos llamar “la capital del reino”, Sant Francesc Xavier, ¡claro que tiene encanto!, pasear por sus calles, sus tiendas de estilo peculiar aprovechando un antiguo corral o una vivienda, pero sorprendiendo por el gusto y el exquisito detalle. Su plaza, si se visita como nosotros con las últimas luces, recoge la vida de cualquier plaza de pueblo, los chavales corren, las gentes del lugar y los turistas se mezclan en total armonía, las terrazas se llenan..y en general,  se crea una agradable sensación de paz.

El Puerto de La Sabina, está siendo para nosotros, otro lugar de visita especial después de caída la tarde y las espectaculares puesta de sol. Entre nuestro hotel y la playa, integrado en la soledad de La Salina y el Puerto, no nos distancia más de 1,5 kilómetros, recorrido que hacemos paseando por el camino de tierra que discurre junto al mar…¡¡que puedo decir!!, otro de esos recuerdos que quedan grabados, tanto del paseo de ida como del de vuelta a la luz de nuestros frontales.

Ya en el Puerto, poco masificado y con un aire chic que le da cierta distinción, te pierdes  entre barcos y yates de placer, no se puede dejar de reconocer que es una forma diferente de pasar unas vacaciones, una forma envidiable que seguro reportará muchas satisfacciones, y algún que otro mareo, pero bueno, seguro que vale la pena. Es una de las cosas que no nos importaría hacer en grupo de amigos en las “Islas Pitiusas”, recorrerlas en barco, fondeando a pocos metros de la costa, y tener durante unos días la perspectiva cambiada, mirar al despertar a tierra, no al mar.

Solo un “pero” de grandes dimensiones, y que no me importa decirlo a voz en grito, la sostenibilidad no está reñida con el crecimiento económico, pero claro, se tiene que creer en el término sostenibilidad, de continuar con ese crecimiento desmesurado de coches en la isla, y sobre todo de motos ruidosas, hasta el punto de que deseas estar lejos de cualquier carretera o camino por donde transiten estas “máquinas”  por lo ensordecedor que se vuelve, y así acabarán con la gallina de los huevos de oro.

Parece increíble, con la experiencia  que tiene España en sector turístico, que no se sepa ver un futuro claro, en el que prime la calidad, con respeto al medio ambiente y asegurando lugares de descanso donde el estrés y todo aquello que se parezca a la vida cotidiana no exista. Con ello se conseguiría un turismo de mayor calidad, por lo tanto ingresaremos mas divisas y preservaremos nuestro patrimonio para las generaciones venideras, disfrutando y viviendo de ellas también.

¡¡Por favor gobierno balear, basta ya de motos  y de coches en esta pequeña isla, posibilitemos bicicletas eléctricas y transporte publico. Hasta cuando tendremos que seguir aguantando tampóca visión  de futuro, y todo ello, pensando en el desarrollo de los residentes y sus posibilidades de crecimiento, pero con sentido común y con respeto hacia lo que nos rodea!!.

Pronto regresaremos, dejaremos las playas de “Illetes”, “Llevant”, “Cala Saona”, y otras muchas. Nuestros paseos en bici al caer la noche, los atardeceres y amaneceres, de los que no te cansas de saborear…(esto no es más que la depre postvacacional anticipada). Continuamos pedaleando y disfrutando. Hasta otra.

Otros reportajes del autor publicados en la revista digital “El Ríncón del Trotamundos” Dinamarca, Aventura con niños.

Aventura y ocio en la Naturaleza http://www.elrincondeltrotamundos.com

2 thoughts on “Vacaciones en la Isla de Formentera

  1. Realmente es el paraíso, yo suelo ir todos los años la última semana de mayo, cuando no hay casi gente, este año lo he tenido que dejar para septiembre y tengo unas ganas que no es normal

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