Un viaje por Las Hoces del río Duratón

 

El Trotamundo: 11/10/2011

El cañón del Duratón, abierto en la perezosa llanura segoviana, talla sus hoces en un relieve salpicado de sabinas, enebros y roca caliza, dando lugar a un paisaje duro y hostil que solo se suaviza con los tamizados colores del otoño, el verde de la primavera y el majestuoso vuelo del buitre leonado que medra sobre los cielos de la vieja Castilla.

El río Duratón nace en las alturas de la Sierra de Guadarrama, en las cercanías del puerto de Somosierra, y se arrastra lento pero incansable por el sustrato calizo, y las despobladas llanuras de cereal de la provincia de Segovia, dando lugar a estrechos, sinuosos y profundos valles, donde se halla sumida una riquísima vegetación de rivera y una abundante fauna.

Cuando el río llega a las puertas de la histórica ciudad de Sepúlveda, se hunde en la tierra, discurriendo silencioso y encajonado entre paredes verticales, que forman un espectacular cañón de más de 25 kilómetros de longitud. Pasado el embalse de Burgomillodo, el río se extiende sobre la vasta planicie, pedregosa, seca y yerma de la paramera, para morir, rindiendo tributo al Duero en la ciudad de Peñafiel en tierras vallisoletanas.

En estas soledades donde abundan los fenómenos kársticos, se formaron en la antigüedad, numerosas cuevas que fueron habitadas en épocas prehistóricas por el hombre del Neolítico, en las que ha dejado huella de su paso con pinturas rupestres que decoran las paredes y los techos de las cuevas. En la Edad Media, santos, devotos y eremitas, levantaron silenciosos monasterios y bellas ermitas, donde se retiraron para aislarse del bullicio de las grandes ciudades.

El Cañón del Duratón surge en medio de la monótona estepa castellana, su recorrido esta decorado por una increíble variedad de especies arbóreas, con colores que emergen como de un cuadro, enmarcado por el tiempo y el intenso verdor de los pinos y sabinas.

Entre las tonalidades que más destacan de este áspero y delicado paisaje, cabe resaltar el verde esmeralda del agua, que se desliza transparente, sobre las finas lineas de sedimentos, depositados en el lecho fluvial del río por los aluviones, multitud de tonos rojizos provenientes de la arcilla y de la vegetación que coloniza los grandes paredones, colores que se acentúan con la suave luz del otoño, que llega oblicua hasta lo más profundo del cañón.

RUTA A PIE POR LAS HOCES

La histórica villa de Sepúlveda; la Septempublica romana, es la puerta de entrada al paraje natural de Las Hoces del Duratón. La ciudad se asienta en lo alto de los paredones calizos, y constituye uno de los balcones más privilegiados para observar el accidentado relieve del río, antes de que éste se consagrarse a su grandiosa obra, las hoces, sobre las que vuelan los buitres leonados y el alimoche.

La ciudad de Sepúlveda es, asimismo un excelente mirador sobre los numerosos meandros que vierten al río, las extensas llanuras de Castilla, que han perdido el horizonte, y también de la alta sierra nevada de La Pinilla, que como telón de fondo, se alza frente a la ciudad, de donde llegan los aires frescos y húmedos.

Antes de emprender la ruta por las Hoces del Duratón, es aconsejable rendir homenaje a esta milenaria villa de origen romano, visitando los numerosos monumentos que en ella se conservan, dejados por los pueblos que a lo largo de los siglos, se instalaron en esta tierra. Rincones silenciosos, evocadores y románticos, llenos de emotividad, cruceros de piedra, calzadas y puentes romanos, santuarios rupestres de origen visigodo, castillos árabes, iglesias románicas y campanarios que se yerguen sobre el basto paisaje de la interminable llanura.

Toda esa riqueza cultural constituye un valioso legado que la ciudad muestra con orgullo al viajero, y que este descubre al adentrarse paseando por las recoletas plazas, y las estrechas callejuelas, con nombres tan significativos como Judíos o Morería.

En Sepúlveda se halla el centro de visitantes del Parque Natural del Duratón, donde además de información, se puede visitar una exposición sobre los aspectos geológicos, naturales e históricos de la zona.

Una vez en el Centro de Interpretación, se sube a la Plaza Mayor y se continúa hasta la iglesia de la Peña. A la izquierda de ésta, arranca un camino escoltado por las cruces de un calvario de piedra. Tras pasar la Puerta de la Fuerza, (una de las siete puertas que existían en la antigua muralla), se sigue por una calzada romana que baja hasta el puente Picazo, también romano. Pasado éste, se tuerce a la izquierda para tomar por la margen derecha del río, sobre el cual se cierne un frondoso bosque de galería.

Continuamos camino río abajo hasta encontrarnos con otro puente, el de Talcono, también de orígen romano. Junto a éste, hay una losa con inscripciones que hacen mención a la época del emperador Trajano. En esta parte del recorrido, el cañón se hace más angosto, las choperas crecen de forma desesperada buscando la escasa luz que les llega desde lo alto del cañón, los paredones casi se topan entre sí y apenas si nos dejan ver el cielo. En la parte derecha del cañón, podremos observar, la llamada Ventana del Diablo, que se abre en la roca de forma espectacular.

Siguiendo el curso del río, llegamos al puente de Villaseca, donde el cañón confluye con la carretera que va al pueblo del mismo nombre, y con el arroyo de Charco Redondo. Aquí, se produce un ensanchamiento del cañón, que es aprovechado por los chopos, las mimbres y los tilos, para extender su colonización sobre la ribera y crear un espectacular bosque. El paraje ha sido a acondicionado para el recreo, el baño y los cortos paseos por la romántica arboleda. En la parte derecha del puente, se encuentra la famosa Cueva de los Siete Altares, una capilla rupestre de orígen paleocristiano.

La senda continúa por los márgenes del río, y se abre paso por entre los chopos y los altos tilos. En una de las primeras curvas del río, y cuando éste comienza de nuevo a encajonarse, el camino se bifurca: un ramal toma por lo alto de los acantilados, mientras el otro lo hace por la parte baja del cañón. Este último sólo se puede utilizar durante el otoño, cuando el agua del embalse está muy baja, y los buitres han terminado de criar. Esta ruta pasa por el lecho seco del río, pisando la arcilla y la vegetación que ha nacido, aprovechando que el agua se ha retirado momentáneamente. En el descenso, los paredones calizos se van haciendo cada vez más verticales y el cañón se hace más y más grandioso y espectacular.

Miramos hacia arriba y sólo conseguimos ver una pequeña línea del cielo, en la que cientos de buitres vuelan en circulo sobre nuestras cabezas. En los laterales, aparecen paredones rotos por los meandros que irrumpen violentamente en el gran cañón, y algún que otro chopo o sauce que amarillea en los remansos del río. El silencio es absoluto, sólo se escuchan nuestros pasos y el batir de las alas de los buitres que al despegar de las altas repisas nos pasan rozando, y nos pegan un susto de muerte.

En los paredones, cortados en vertical, y a media altura, aparecen las cuevas, que se adentran en las entrañas de la roca y suelen servir de aposento para las aves y otros animales que viven en estos parajes. Seguimos camino y llegamos a una de las penínsulas fluviales más inaccesibles de todo el cañón, donde los monjes franciscanos levantaron en 1231 el Monasterio de la Hoz. De éste, sólo se conservan sus decrépitas ruinas, que armonizan a la perfección con el entorno, ya que fué construido con la piedra de los alrededores.

Pasado el monasterio, el cañón gira 250 grados y se hunde aún más en la roca, al tiempo que las paredes se hacen mas verticales y el desfiladero más angosto y sobrio. Pronto nos encontramos con las aguas del embalse, que van subiendo de nivel. Cuando ya se hace del todo imposible seguir caminando por el lecho fluvial, debemos abandonar éste y tomar por un sendero que discurre por una pequeña repisa situada en la pared del cañón, por dónde continuaremos camino río abajo, disfrutando de ésta espectacular maravilla de la naturaleza, concebida por la erosión y el silencioso trabajo de las aguas, cuya belleza se hace más grandiosa si la contemplamos desde la parte baja del cañón.

Llegados a la altura de la ermita de San Frutos, situada en una de las penínsulas fluviales, deberemos abandonar la parte baja del Duratón, pues las aguas embalsadas nos impiden el paso, para lo cúal, habremos de remontar por la derecha los paredones, utilizando un sendero que sube en zig-zag por la pendiente, con algunos tramos de escalera tallados en la roca, por donde alcanzaremos la parte alta del acantilado y la ermita románica de San Frutos Pajarero.

Pasada la ermita, el cañón se abre de forma espectacular, dando paso a un hermoso e idílico paisaje, por el que se extienden las aguas del embalse de Burgomillodo, donde se han formado pequeños islotes, que han sido colonizados por una numerosa colonia de cormoranes moñudos. El resto del cañón está ocupado por verdes pinos y frondosas sabinas, salpicados por chopos y grandes sauces, que exhiben todo su esplendor y belleza.

Jalonando este reducto de paz y serenidad, aparecen los acantilados que se elevan a cuchillo sobre el perfíl del cielo, cuyas rocas calizas, encendidas por la luz del atardecer se reflejan silenciosas en las mansas aguas del Duratón. Posados sobre las afiladas aristas de los acantilados, podremos ver a los majestuosos buitres leonados que espulgan el plumaje, mientras esperan tranquilos que llegue la noche.

El camino desciende hasta la parte baja del cañón, atraviesa por las espesuras del bosque y bordea la hoz por el meandro de la derecha, para continuar subiendo por la ladera, hasta alcanzar lo alto del acantilado, por el cuál se realiza una travesía en dirección a la presa de Burgomillodo. El ultimo tramo del camino se hace en descenso, hasta llegar a la base del embalse, donde damos por finalizada nuestra ruta por las Hoces del río Duratón y los bellos parajes de su entorno.

 

GUIA PRACTICA

Como llegar: A Sepúlveda y las Hoces del Duratón, se puede llegar por la N-II, Madrid-Irún, cogiendo el desvío hacia Sepúlveda. Viniendo de la zona oeste de la Península se llega por Cantalejo, siguiendo la C-112.

Dificultad: La ruta no entraña ninguna dificultad, salvo que es larga. En la salida del cañón hay que salvar una pendiente de casi 100 metros, subida que se hace por una especie de escaleras talladas en la roca.

Duracion: Es aconsejable emprender la marcha a primeras horas de la mañana, ya que en esta época del año los días son cortos. En hacer todo el recorrido, incluyendo las paradas, se emplean unas ocho horas.

Distancia: Desde Sepúlveda hasta la presa del embalse de Burgomillodo hay 24 kilómetros, aproximadamente.

Época: Cualquier época del año es buena para hacer esta ruta por la naturaleza, si bien, el otoño es la estación más aconsejable, por el contraste de colores y porque es la única época en la que la ruta se puede realizar por la parte baja del cañón sin que ello suponga molestia para los buitres.

Equipo: Para realizar esta ruta por las Hoces del Rio Duratón, basta con unas simples botas de senderismo, algo de abrigo, un chubasquero y agua. Es recomendable llevar unos prismáticos para observar las aves y una cámara fotográfica.

Alrededores: En el cercano pueblecito del Duratón, que da nombre al río, se halla la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Esta es una auténtica joya del románico rural segoviano. La mísma, ésta situada en las afueras del pueblo, junto a una necrópolis visigoda. Su originalidad se manifiesta en la delicadeza y la expresividad con que están tallados los capiteles de la galería porticada, cuyos arcos se distribuyen a ambos lados de la puerta principal.

Flora: El bosque de ribera cubre la parte baja del cañón, fresnos, álamos, sauces y alisos; en los páramos cercanos, abundan las savinas, los enebros y el pino resinero; en los cortados medra una interesante vegetación rupícola.

Fauna: Las últimas horas del día son el mejor momento para disfrutar, en las Hoces del Rio Duratón, de la incomparable belleza que nos ofrecen los buitres leonados que sobrevuelan en circulo sobre los acantilados, donde pasan la noche.

Gastronomia: El cordero asado de Sepúlveda no tiene secretos, sus cualidades esta en los pastos que lo alimentan, lo que han hecho de este exquisito plato, típicamente sepúlvedano, uno de los más conocidos y apreciados por el viajero que se adentra en tierras de Segovia. Sin olvidarnos de los platos hechos a base de productos de la matanza, (chorizo, morcilla y jamón.

Observaciones: Para llevar a cabo la ruta, del 1 de enero al 31 de julio, es necesario obtener un permiso. Este se puede solicitar en el Centro de Interpretación del Parque, situado en la restaurada iglesia de Santiago, en Sepúlveda. Tfno 921 54 05 86.

Bibliografia.

* Parque Natural Las Hoces del Rio Duratón. Autor: Javier Sánchez Vaquero Jose Diez. Edi:Tridimensional Diseño y Ediciones.

* Viaje por el Cañón del Duratón. Lobo Iglesias.

* Pueblos con encanto. César Justel. Ed: El Pais Aguilar.

Informacion.

* Centro de Turismo Rural Puente del Duratón. Tfno 921 55 63 06.

* Ayuntamiento de Sepúlveda. Tfno 921 54 00 00.

* Oficina de Turismo de Segovia. Tfno. 921 54 02 37.

Cartografia Cnig.

Mapas del Servicio Geográfico del Ejercito. Hojas, 402, 403, 430, 431 escala 1:50.000.

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http://www.elrincondeltrotamundos.com

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