El pico Jario, una atalaya del reino kárstico

 

El Trotamundos. 15/9/2011

No siempre las cimas más alta, ni las más bonita, son las que mejores panorámicas ofrecen de la geografía que nos rodea, el paisaje y los momentos idílicos de la naturaleza. El pico Jario, situado entre la Cordillera Cantábrica y los Picos de Europa, en la cabecera del río Sella, es una de esas montañas que destaca poco en medio de un mar de grandes picos, pero su estratégica posición, permite disfrutar de un grandioso paisaje, donde se alternan los bosques de haya y los desfiladeros, con los cordales y las grandes cumbre calizas que se yerguen sobre el perfil del cielo.

Cuenta la historia que en el año 25 antes de Cristo, pasaron en retirada por el puerto de Panderruedas, los Cántabros, camino de su refugio en el Monte Vindio (Picos de Europa), tras haber librado con los invasores Romanos, la celebre batalla de Bérgida, (actual Burón). Pisándoles los talones cruzaron estos puertos, las vencedoras legiones del imperio, con el propósito de aniquilar definitivamente a los Cántabros.

Para este fin los Romanos trazaron por los altos puertos de la cordillera Cantábrica, tortuosos caminos por donde transportaron las tropas y el avituallamiento. Las huellas de estos aconteceres históricos quedaron marcadas para siempre, en los montes de Oseja de Sajambre, en cuyo territorio se conservan algunos tramos de la calzada que atraviesan los hayedos y los viejos robledales, comunicando la Meseta Castellana con el Principado de Asturias.

Al norte de la provincia de León, en la divisoria de los valles de Valdeón y Sajambre, en plena Cordillera Cantábrica, se abre el puerto de Panderruedas, 1450 m. Este paso natural, fue utilizado por los Romanos en su conquista del norte Peninsular, por cuyo puerto trazaron una Calzada que comunicaba las dos vertientes de la Cordillera Cantábrica.

Esta vía de acceso, entre Asturias y Castilla, fue utilizada durante siglos por los pueblos que vivían en la zona y también por los árabes por cuyo puerto penetraron en la costa Cantábrica. Esta ruta continuó siendo utilizada hasta que se construyo la carretera actual que sube desde la meseta hasta el Puerto del Pontón y desciende por el desfiladero de los Beyos camino de Cangas de Onís.

Desde el puerto de Panderruedas, por el que pasa la carretera que une Riaño con Posada de Valdeón, se acede al mirador de Piedrashitas, construido con bastante mal gusto, en medio de un espectacular paisaje natural, en el que predomina lo grandioso y lo salvaje, como si la naturaleza no hubiese escatimado medios ni tiempo para levantar este excepcional monumento. Desde el mirador todo cuanto abarcan nuestros ojos es extraordinariamente bello.

Amplios valles modelados por el tiempo y la erosión, colonizados por los bosques y por el hombre, donde se asientan pequeños poblaciones y se abren verdes praderas. Estrechos desfiladeros labrados en la roca caliza por los torrentes de agua que bajan de las montas, aguas que desaparecen por cuevas y sumideros en las entrañas de la tierra para emerger a la superficie allá en la costa cerca y del mar Cantábrico.

El pico Jario, es la mejor atalaya de la comarca de Oseja de Sajambre, desde su cima el viajero puede embriagarse de naturaleza y de todo el paisaje montañoso de la Cordillera Cantábrica. Esta montaña se alza sobre la cabecera de los ríos Cares y Sella, que están jalonadas por altos cordales. Las laderas de estos montes están cubiertas por tupidos bosques de hayas, viejos robles, y frondosos abedules, que permanecen durante el otoño, envueltos en un mar de colores que se acentúa con las suaves luces del atardecer que se cuelan por el accidentado relieve de la montaña.

Hacia el norte, en un impresionante derroche de majestuosidad y belleza, se elevan como catedrales los altos farallones calizos de los Picos de Europa cuyas erosionadas cumbres y afilados cuchillares, yacen cubiertos por las primeras nieves del otoño.

Hemos elegido esta histórica ruta que une Castilla con Asturias y atraviesa la cordillera Cantábrica, por lo espectacular del paisaje y por la visión que tendrá el viajero de lo más salvaje de esta parte de la Península Ibérica. También por el mosaico de colores que desde el mirador de Piedrashitas y el pico Jario se tiene de los bosques caducifolios que se aprestan en los serenos valles. Una mirada atenta nos permitirá contemplar los altos puertos y las silenciosas majadas, en cuyas verdes praderas pastan en libertad, los caballos astures y las vacas autóctonas de la región.

Con un poco de suerte, por el camino veremos algún que otro rebeco que trepa por los inaccesibles roquedos y algún ejemplar de urogallo, una de las aves más misteriosas y bellas de nuestros bosques, que por desgracia se halla incluida en la lista de las especies en peligro de extinción.

A la izquierda de la ruta, en la vertiente sur, las laderas caen vertiginosas sobre el alto valle del Sella, que se abre pacifico sobre las pétreas cumbres de la cordillera Cantábrica y el puerto del Pontón. En el centro del valle y dominando todo el paisaje se levanta la Pica Ten, una espectacular roca de más de 1200 m, que preside el valle y hace las veces de guardián del valle del Sella.En la vertiente norte del pico Jario 1913 m, las majadas se han hecho un hueco entre los hayedos y aparecen las verdes praderas donde pastan los animales domésticos, los corzos y los ciervo, y se desparrama la melancólica luz del otoño.

Itinerario
El recorrido comienza en el puerto de Panderruedas, sube por entre un hayedo hasta el mirador de Piedrashitas. En su primer tramo el sendero esta señalizado con marcas en blanco y rojo y con algún cartel que indica la orientación del camino. Pasado el mirador la ruta avanza por la vertiente del valle de Valdeón hasta alcanzar el regato de Guayes, en este punto el camino jira a la izquierda y comienza una pequeña subida hasta ganar el collado Viejo por donde se pasa a la vertiente sur para continuar avanzando por una zona en la que crecen los brezales y emergen los roquedos.

Un poco más y llegamos a la Collada Blanca bifurcación del camino viejo de los romanos que desciende hacia el valle del río Dobra y la senda del pico Jario que continua subiendo por el cordal de la divisoria de aguas. En este tramo del recorrido se pasa con frecuencia de una vertiente a otra para salvar algunos salientes rocosos que se elevan en la arista.

A partir de la Collada Blanca, el camino hasta el pico Jario no tiene ninguna perdida, hollar su cumbre es uno de los placeres más gratificantes de esta ruta y lo es aun más si el camino se hace entrado el otoño, cuando los arboles ofrecen la belleza de su pronta desnudez y las primeras nieves cubren la roca viva.

El Jario es una estratégica atalaya desde cuya cima se abarca un amplio territorio, compuesto fundamentalmente por una sucesión de montañas que se interponen entre sí, cuya bucólica visión se pierde en el brumoso horizonte, como se pierde la noción del tiempo al contemplar este inusitado paisaje, plagado de líneas que se rompen con brusquedad, quebrados cordales y sinuosas curvas que se repliegan sobre el perfil de la armónica superficie.

Desde la cumbre del Jario el itinerario continua hasta el collado de La Boa, pasado este el sendero desciende por la vertiente norte, siguiendo el incipiente curso del Río Truégano para adentrarse en el frondoso hayedo y bajar hasta la majada de Vegabaño que nos recibe con los brazos abierto. Un lugar entrañable del que parten los viajeros que aceden hasta Vega Huerta y Peña Santa de Castilla, cuyas majestuosas paredes podremos contemplar desde la vega en los días despejados.

En Vegabaño, al abrigo del bosque, se encuentra un refugio de montaña, este se halla guardado durante todo el año y da albergue a cuantos se acercan a conocer estos parajes. Si hay tiempo, es aconsejable hacer un recorrido por el entorno de la vega y bajar hasta el curso del Dobra, donde crece una gran variedad de especies botánicas, que en una dura competición con el arbolado, se afana por nutrirse con los escasos rayos de sol que se cuelan por las espesuras del bosque, cuyos ejemplares impone a todas las de más especies la ley del más fuerte.

En la parte más occidental de la vega, junto a las majadas, tiene continuidad el camino carretero, este se alterna en algunos tramos con el viejo camino de herradura, ambos desciende por el valle de La Huera hasta llegar al pueblo de Soto de Sajambre, si bien la pista da mucha más vuelta por lo que es aconsejable, pasada la cadena que impide el paso de los coches a la vega, abandonar la pista y tomar el camino que sale a nuestra derecha, de esta forma acortamos distancia.
En su ultima parte el camino desciende suave por entre las espesuras del bosque de Salambre, y sigue por los márgenes de río de la Agüera, cuyas aguas llenan las viejas fuentes y pasan bajo los milenarios puentes de Soto, el pueblo montañés más bello de la comarca de Sajambre.

GUÍA PRÁCTICA

ACCESOS: Se acede a la zona de Sajambre siguiendo la carretera C 625, de Riaño a Cangas de Onís, con desvío en el puerto del Pontón donde se toma dirección puerto de Panderuedas y Posada de Valdeón.
DIFICULTAD: Esta ruta no entraña ninguna dificultad; solo en invierno, cuando hay nieve se debe tomar precaución en los tramos de acceso al pico Jario, pues esta parte esta algo empinada y tiene paso de roca que pueden tener hielo, por lo que se aconseja llevar crampones y piolet. No se aconseja hacer la ruta en días de ventisca o con niebla, es facil desorientarse.

DURACIÓN: Del Puerto de Panderruedas al pueblo de Soto, con acceso al pico Jario, se invierten unas 5 horas, con un caminar tranquilo y sosegado disfrutando el paisaje.
ÉPOCA: Todo el año, si bien el otoño es la estación más hermosa por la explosión de colores y matices que tiene lugar en los bosques de hoja caducifolias. También durante el invierno cuando los bosques yacen desnudos y las montañas se cubren con el blanco de la nieve.

EQUIPO: Botas de senderismo, chubasquero, una cantimplora con agua y un mapa de la zona. Nunca estará demás echar algo de ropa de abrigo.
ALREDEDORES: Los pueblos de Sajambre conservan una rica arquitectura tradicional, con casonas de madera y techumbres de teja roja, y también recios hórreos que guardan la esencia viva de la arquitectura tradicional de montaña. Merece la pena hacer un alto en nuestro viaje y descender hasta el pueblo de Ribota y Oseja de Sajambre, donde es posible contemplar dos espléndidas iglesias, una antigua fuente romana y viejos molinos harineros. Estas edificaciones destacan por los ricos elementos con que están construidas y por su suntuosidad y belleza.

FAUNA: La variedad de la fauna es una de los factores más atractivos del lugar. La especie más abundante es el rebeco. También hay corzos, ciervos y algún que otro gato montés. En los hayedos habitan el urogallo y el pito negro.
FLORA: En los bosques de Salambre demarcación se encuentra dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa, tiene lugar durante el otoño una auténtica eclosión de setas y hongos. Además del haya prolifera el roble y el abedul. Junto a los ríos crece una variada y rica vegetación de rivera: el serbal, el acebo, el tejo y el arce.

BIBLIOGRAFÍA: Sajambre, itinerarios de montaña. Autor Santiago Moran Ramón Lozano. Ed. Lancia. Los picos de Europa. Autor Carmen Piñan Bernardo Canga. Ed. Everest. Picos de Europa y Parque Nacional de la Montaña de Covadonga. Autor Pedro Cuerda Quintana. Ed. Sendai.

CARTOGRAFÍA CNIG. Mapas del Servicio Geográfico del Ejercito Hoja nº 55 Beleño y 80 Burón. Escala 1:50.000.

INFORMACIÓN.
• Información Turística del Principado de Asturias: Tfno.: 902 300 202.
• Oficina de Turismo de Cangas de Onís, Tfno 985 84 80 05.
• Ayuntamiento de Oseja de Sajambre. Tel.: 987 74 03 04.
• Servicio de Taxis. Tel.: 987 74 03 59.

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2 thoughts on “El pico Jario, una atalaya del reino kárstico

  1. impresionantes fotos para un recorrido interesante y bien descrito, paso a paso.
    Me acercaré al Jario en mi próxima visita a los Picos.
    Gracias por el relato y las fotos.

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