Rumbo al Monte Perdido

Manolo Santervás Martín



Ordesa ha sido el lugar donde descubrí que hacer montaña era mucho más que llegar rápido a las cumbres, recorrí estos valles por primera vez rumbo a Monte Perdido con ansias de conquistar nuevas cimas y quedé prendado por la ruta hacia ellas. De hecho allí descubrí que es más importante el camino seguido que el lugar a dónde llegas, que la vivencia compartida y la comunión con la naturaleza te pueden hacer disfrutar más que el llegar a lo más alto.

Llega el otoño, los bosques se visten de color, y los aficionados a la naturaleza nos dejamos cautivar por el espectáculo tonal que nos brinda esta época del año. No es que den mal tiempo, es que estamos en alerta naranja por fuertes lluvias… pero ¿quién dijo miedo habiendo paraguas y ropa de cambio?… Para allá nos fuimos en la operación salida del puente del Pilar. Teníamos albergue en Nerín pero el dueño nos deja tirados esa misma semana un día antes (era el albergue “el turista”, si reservas no te fíes, mi experiencia es nefasta). Conseguimos sitio en Linas de Broto, en el  albergue “El último bucardo” (muy, muy recomendable por todo, desde comida hasta trato y consejos para las rutas).

El sábado amanece sorprendentemente bien, por lo que todo lo rápido que podemos nos vamos a hacer la senda de los cazadores y la faja de Pelay hasta el circo de Soaso. Allí vemos la famosa cola de caballo, ha llovido días atrás por lo que las cascadas bajan con agua. Bajamos por las gradas de Soaso, disfrutamos de las cascadas del estrecho y la cueva y como aún es temprano nos vamos tras comer hacia Cotatuero. Una vez en la base de la cascada nos desviamos hacia la faja de Canarelos y el bosque de hayas, debemos apretar el paso pues se nos está haciendo de noche… caen cuatro gotas… pero la suerte nos sonríe y sólo empieza a llover fuerte al llegar al autocar de vuelta.

No para de llover en toda la noche, por lo que decidimos irnos a Añisclo. La carretera tiene algún derrumbe por las lluvias, apenas llueve cuando comenzamos a subir el cañón hacia San Urbez, seguimos hacia la selva plana y comienza a llover fuerte, el camino es un río y cuando llegamos a la Ripareta, caen chuzos de punta… hay que darse la vuelta…Los arroyos a cruzar cubren por los tobillos y las botas sufren una buena prueba, pero parecen aguantar… de momento. La calefacción en el coche de vuelta a Linás de Broto nos seca un poco. Cuando llegamos ya no llueve y tras la ducha nos damos un paseo a catar las manzanas del pueblo (muy buenas por cierto).

El lunes promete más de lo mismo, pero tampoco llueve demasiado… casi nada… así que nos vamos a Bujaruelo. Aparcamos en el puente de los Navarros y seguimos el GR-11 alejados de la pista y los coches con vistas estupendas (lástima que no esté más despejado). Cruzamos la pista en el puente nuevo, cambiamos de ladera y seguimos por un espectacular bosque de hayas. Tras cruzar algún torrente llegamos a San Nicolás de Bujaruelo dónde coincidimos con el gentío. Paseamos valle arriba hacia Otal y volvemos cuando empieza a llover algo. Con el paraguas volvemos por la pista y paramos en Torla a disfrutar de un chocolate con churros que nos repone y nos devuelve el calor.

Como suele pasar… el día de vuelta es el que mejor tiempo hace, vamos a ir desde Ordesa hasta Torla por el camino del Turieto. En cuatro días han cambiado de color algunos árboles y son muchos los tonos amarillos y rojos que ahora vemos. Parece increíble que esta mañana estemos solos en esta senda y que en sólo 24 horas estaremos en la gran ciudad envueltos en la rutina del trabajo diario… respiramos hondo, disfrutamos cada segundo como si fuera una última oportunidad de sentir dónde estamos y lo privilegiados que somos… la vuelta al pueblo nos despierta de nuestro sueño. Hay que coger el coche y volver… pero lo importante es el camino, y el nuestro ha sido maravilloso.

En nuestro portal El Rincón del Trotamundos, no disponemos de  asociados de Turismo Rural en la zona, ni de empresas de Turismo de Aventura.

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2 thoughts on “Rumbo al Monte Perdido

  1. ¡Vaya fotos!
    Enhorabuena a los tres por haber sabido aprovechar un puente que pintaba muy malo.
    Un abrazo

  2. ¿¿¿Cuándo descubriste que hacer montaña era mucho más que ir rápido??? Debe ser que yo soy un caracol!!! Manolo, que tú no sabes ir despacio, hombre, no me engañes. Otra cosa más importante: las fotos… de lujo.

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