Trepidando por las cascadas y cimas del Corral del Diablo y el Hurraco, Sierra del Barco

El Hurraco

En las accidentadas cumbres del gran farallón de Gredos, extendiéndose sobre toda la vertiente norte de la sierra, se forman durante los gélidos inviernos mesetario, numerosas cascadas de hielo. Estas frágiles y perecederas formaciones, se hallan encaramadas principalmente en repisas, lóbregas gargantas y verticales corredores, estos hielos hacen del lugar un paraiso para cuantos gustan de disfrutar del manejo de crampones, piolet y los penetrantes tornillos que permiten realizar verdaderas acrobacias en plena naturaleza, o mostrar, en un alarde de exhibicionismo, cuerdas, arneses, cascos y toda la parafernalia que acompaña a los alpinistas de ellite.

Cascada de la Nava

Los hielos de la Sierra de Gredos, si el invierno viene bueno en nieve y bajas temperaturas, suelen cubrir parte de los antiguos circos glaciales, desparramándose sobre las pulimentadas rocas graníticas de las cumbres rocosas, congelando las lagunas de montaña y los rápidos torrentes.

Las masas de hielo emergen sobre los resaltes de roca y en los estrechos desfiladeros de los riscos, configurando un bellísimo paisaje, donde el erosionado granito de la sierra se funde con el hielo, que en forma de estalactitas, se descuelga silencioso sobre los espacios vacíos de los segados desplomes y de los antiguos circos glaciales. El hielo adopta formas sorprendentes, finas y delicadas como si fueran lámparas de cristal. Estas formas constituyen un hermoso decorado, donde las personas comprometidas y sensibles con el destino de la naturaleza, se sienten como pájaros libres, en un mundo extremadamente frágil.

Todos los montes del sistema central, des de Peñalara hasta la Sierra de Bejar, tienen reconocida fama entre los aficionados al deporte del hielo, especialmente el Circo de la Laguna Grande y las inmediaciones de Cinco Lagunas. Estas zonas están consideradas como los lugares de la península más propicios para realizar este deporte invernal. Aquí no suele haber largas cascadas, pero si itinerarios muy verticales y comprometidos, ideales para aquellos que se desenvuelven con destreza en este mundo vertical. También se forman cascadas de menor dificultad, muy buenas para el aprendizaje y el perfeccionamiento de aquellos que les guste aventurarse por este deporte.

La Sierra del Barco, casi desconocida y un poco alejada del macizo central de Gredos, próxima al puerto de Tornavacas, no es una excepción en este sentido, aunque algunos cascadistas crean lo contrario. En sus verticales paredes se forman en los invierno las cascadas de hielo más largas y de máxima dificultad de todas estas sierras. Sirva como ejemplo las verticales columnas de hielo que cada invierno se constituyen a partir de la fusión del agua y la nieve que baja por los canalizos hacia la Laguna de La Nava, situada en el Circo del Corral del Diablo.

La cascada del Diablo permaneció sin ser descubierta por los cascadistas hasta hace tan solo cinco años. Era conocida desde siempre por los paisanos del lugar, por algunos de los montañeros que por estas accidentadas sierras se adentraban y por aquellos asiduos esquiadores de montaña que durante los gélidos inviernos esquiaban por estos solitarios parajes. Dicha cascada estuvo virgen, hasta el 7 de febrero de 1993, que fue ascendida por una cordada compuesta por la escaladora Susana Traseira y Máximo Murcia. El mismo invierno la cascada fue ascendida por otro grupo de montañeros, que repitieron el primer itinerario y abrieron algunas otras vías nuevas, siendo aún numerosísimas las posibilidades que ofrece la cascada en la plenitud de los invierno, para llevar a cabo otras vías y ascensiones.

Corral del Diablo

En las proximidades de la cascada principal, a derecha e izquierda, se sitúan otros corredores con grandes columnas de hielo. Ninguno de los itinerarios posibles en esta parte del circo del Diablo supera un largo, aunque las cascadas que aquí se forman están constituidas por hielo de mayor regularidad y de más inclinación que los de la cascada grande. En estas interminables paredes, cubiertas por gigantescas y compactas masas de hielo alpino, hay cientos de posibilidades para llevar a cabo las más bellas ascensiones, algunas fáciles y otras que requieren mucha experiencia en la técnica del hielo y una buena dosis de compromiso y creatividad en este embriagador deporte invernal, de la alta montaña, realizado a veces en medio de un inhóspito clima, donde el frio reinante se hace casi insoportable.

Corral del Diablo

La laguna de la Nava está situada en la escarpada vertiente norte de la Sierra del Barco, en la cabecera de la garganta de La Nava. Esta laguna ocupa la cubeta que los hielos excavaron en la roca durante el ultimo periodo de las glaciaciones en la cara norte del pico Alto del Corral del Diablo de 2.364 m. Las masas de hielo descendían aprisionadas entre montañas hasta las proximidades del pueblo de La Nava.

Cuando llegamos al emplazamiento de la laguna, encaramada en el mismo corazón de la Sierra de Barco, a 2.100 m. de altitud y después de una larga y dura ascensión por los campos de canto rodado y el angosto desfiladero de la garganta de la Nava, estamos extenuados y maltrechos, por el duro ascenso y el peso de las mochilas. Uno queda maravillado al contemplar en medio del sobrecogedor silencio, las crujientes masas de hielo que cubren esta milenaria catedral de roca: hielos que se descuelgan sobre los resaltes y los cincelados contrafuertes de granito que se levantan majestuosos en el anfiteatro de la laguna. El motivo es un espectáculo digno de admiración, siendo inevitable que retrocedamos por un momento en el tiempo hasta situarnos en los principios del cuaternario, cuando los hielos continentales cubrían buena parte del territorio europeo y grandes espacios de la Península Ibérica, formando en esta parte alta del macizo montañoso de Gredos, perecnes ríos de hielo que descendían de las montañas hasta los bajos valles, erosionando a su paso las laderas de la sierra.

Al Circo del Diablo, encaramado en las alturas de la sierra, se llega partiendo del pueblecito serrano de Nava del Barco, enclavado en la vertiente Norte del macizo de Gredos, junto al curso bajo de la caudalosa garganta de Galín Gómez. Junto a la iglesia del pueblo parte una carretera asfaltada que sube por entre huertos y viejos castaños. A unos quinientos metros del pueblo, sobre la arenosa superficie del suelo se levanta a nuestra izquierda, una cruz labrada en roca de granito cuyo significado es el paso de los siglos. A la izquierda de esta cruz parte un camino carretero, que sube sorteando las grandes rocas de granito que la erosión ha formado en este lugar a lo largo de milenios. El camino asciende valle arriba, por entre paredes de cantos rodados que delimitan las tierras, del pueblo. Debemos procurar seguir siempre el trazado del camino que sube por la derecha de la garganta, por entre bosques de robles. A dos kilómetros aproximadamente del pueblo, nos encontramos con una fuente, de la que mana abundante agua durante todo el año. Un poco más adelante el camino cruza por un pequeño puente la caudalosa Garganta de Galín Gómez, cuyas frías aguas descienden de la laguna glacial del Barco. Dicha garganta deja a su paso bellos prados, donde crece de forma generosa la hierba y los grandes setos. Pasamos la garganta y continuamos subiendo; unos metros más arriba la pista se bifurca: un ramal asciende por la garganta de Galín Gómez y se interna en las espesuras del pinar: el otro ramal sube por nuestra izquierda siempre próximo a los torrentes de la garganta de La Nava.

Corral del Diablo

El paraje por el que asciende este antiguo camino de herradura hasta alcanzar el Corral del Diablo, es de una gran riqueza. La variedad de su flora y de su fauna es visible a simple vista. En el lugar existe un ecosistema único en el que se conserva un valioso patrimonio ecológico y paisajístico, continuamente amenazado por pistas e incendios forestales. Son dignos de admirar los bosques de galería que se ciernen en torno a los márgenes de las agrestes riberas, donde crecen fresnos, sauces, tilos, chopos y otros arbustos. En los límites de los prados se alinian los setos, donde las más variadas especies de arbustos sirven al hombre de lindero de sus tierras.

Seguimos ascendiendo por la erosionada garganta camino de la laguna, supérando antiguas morenas y grandes canchos erráticos desplazados por los hielos del glacial. El paisaje se hace más y más caótico y los altos picos cada vez están más cerca de nosotros. Observamos cómo el sendero se introduce poco a poco por el lecho profundo del valle, erosionado por los ríos de hielo que por su lecho bajaron durante milenios y las torrentes de agua que descienden en tropel de las altas cumbres de la Sierra. En muchos trozos del recorrido el camino que sube lentamente en zigzag, se va empinando de forma considerable. En algunos tramos supera pasos de dificultad donde el hielo forma grandes barreras.

Corral del Diablo

Pasada la cabaña de pastores, situada en una de las últimas praderas, el camino cruza la garganta y se sitúa en la margen izquierda. Sube por entre bloques de roca que se han desprendido de las laderas. En la cima de uno de estos bloque, observaremos una cruz junto a la cual se encuentra una urna de cristal y bronce, donde se halla resguardada de los fríos vientos serranos la patrona de la Nava.

En la parte más alta algunos trozos del camino fueron empedrados por lo vecinos de La Nava, para poder subir con las caballerías a la laguna, por lo que el itinerario no tiene ninguna pérdida, a no ser que la nieve descienda a cotas muy bajas y cubra el camino, cosa que suele suceder con relativa frecuencia debido a la orientación norte de esta garganta.

En el curso bajo del agreste valle, a menudo las bravías aguas que descienden de las montañas se encajonan de tal manera que casi desaparecen. Pasan por estrechas hendiduras que ellas mismas han construido en la roca. En algunos lugares, el agua es lanzada desde lo alto de grandes cantiles, formándose hermosas cascadas de agua, que se transforman durante los fríos inviernos en toboganes de duro hielo.

Hurraco

En las norteñas laderas de este valle crecen en abundancia los robles, el enebro rastrero, el piorno y los pastos alpinos, pero lo que más llama la atención del aventurero que recorre en solitario estos parajes, en busca de sensaciones fuertes y de lugares solitario, son las curiosas figuras que adoptan las rocas de granito. Aquí y allá surgen por doquier los más variados pináculos, cuchillares y salientes que nos acompañan día y noche en nuestro deambular por estos campos de nieve, roca y hielo.

Un poco antes de alcanzar la laguna de la Nava, entre el curso del agua y el camino, se encuentra una cabaña refugio, un tanto pequeña, con paredes de piedra y techo de urálita. Esta cabaña es apropiada para refugiarse en los días en los que la climatología no nos permite hacer otra actividad más que contar las hazañas vividas en otros lugares, recordar a nuestros amigos y soñar en alta voz para que el viento nos escuche en nuestros deseos de realizar grandes viajes y vivir nuevas aventuras. Desde este refugio situado en el antecirco de la laguna, se puede divisar lo espectacular de la cascada de hielo, descolgándose sin pudor por las verticales paredes del Corral del Diablo. En ese instante todo el espacio que nos rodea desaparece y nos sentimos solos ante este monstruo de la naturaleza. En este lugar del camino el cansancio acumulado durante las tres horas de caminata desde el pueblo, desaparece y se torna en un raudal de alegría y satisfacción. Es el momento en el cual la mente, en coordinación con el cuerpo, comienza a disfrutar en toda su plenitud de cuanta belleza se acumula durante los inviernos, en este escondido rincón de la Sierra del Barco.

Estamos perdidos en medio de un gran macizo montañoso, en el que se hallan algunos circos de origen glacial, lagunas heladas y enormes cascadas de hielo. En medio de este hermosos paraje vamos a vivir durante unos días las más fuertes sensaciones que los elementos nos pueden deparar al ascender por las frágiles paredes de roca y hielo, que la naturaleza a levantado en este lugar.

La cascada más grande tiene una altura aproximada de 100 m. sus dimensiones están sujetas muchas veces a cómo haya venido el invierno de frio. Estas mismas condiciones meteorológicas influyen también en las posibilidades que el hielo nos puede ofrecer. La dificultad de cada vía depende del itinerario que elijamos y del estado del hielo, aunque ninguna de las ascensiones posibles será fácil. Los itinerarios que ofrece esta cascada son muchos, ya que el hielo se halla muy desparramado por toda la pared y suele ser bastante grande y de considerable espesor.

Una vez alcanzada la parte alta de la cascada el descenso se puede efectuar remontando el resalte de roca y nieve que hay en la parte superior hasta alcanzar un pronunciado corredor de nieve que desciende en acusada pendiente hasta la laguna.

En las proximidades de la cascada grande y dentro del perímetro del Corral del Diablo, se forman otra serie de cascadas más pequeñas, pero todas ellas de gran dificultad, excelentes para realizar vías cortas. También hay pequeños toboganes de hielo donde poder dar los primeros pasos o entrenarse en el manejo de los crampones, los tornillos de hielo y el piolet.

Todos los paredones del circo del Corral del Diablo, están surcados por infinidad de corredores, todos ellos repletos de nieve dura. El ascenso por estos corredores es muy divertido y una forma más de disfrutar de la escalada en nieve helada donde es fácil progresar. Estos corredores son los mejores lugares para aprender a manejar el material de escalada en mixto, roca, hielo, antes de meterse de lleno en el laberinto de una cascada. Además de los corredores existen algunas paredes de nieve de considerable altura e inclinación. Es el caso de la pirámide norte del pico Corral del Diablo, donde hay un gran desplome producido por la cornisa de nieve helada que se forma en la parte más elevada, siendo una gozada ascender por esta pared, disfrutando a tope del bello deporte invernal.

En todos este tipo de escalada, ya sea en terrenos mixtos de nieve helada y roca, o solo hielo, es imprescindible utilizar dos piolet, ya que hay trozos en los que el hielo se hace presente bajo la nieve helada, de igual forma la cuerda es aconsejable, no sólo en las vías de hielo también en aquellos itinerarios en los que aparentemente el ascenso parece ser fácil.

Texto: Rafa Alvarez, fotografía: Manolo Santervás Martín

One thought on “Trepidando por las cascadas y cimas del Corral del Diablo y el Hurraco, Sierra del Barco

  1. Felicidades por vuestro reportaje: Rafa, Manolo, y todos los que habéis estado en esos impresionantes paisajes helados y sus increíbles cascadas. Enhorabuena por ser aficionados a este deporte, que es único.
    De un cicloviajero.
    José Ignacio

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