La vega de Brañagallones, corazón del Parque Natural de Redes

Fotografía de Antonio Gallego


En la vertiente norte de la Cordillera Cantábrica, se halla uno de los tesoros naturales mejor conservados de la Asturias montañosa, el bosque de Redes, un paraje excepcional, en el que los pliegues rocosos de caliza, junto con los hayedos centenarios, se elevan a capricho desde las profundidades de los desfiladeros, para perderse entre la persistente niebla, que cubre a menudo el cielo de esta parte de Asturias.

El relieve es muy quebrado, una maraña de cordales y enriscados valles descienden de la Cordillera Cantábrica en dirección norte, para morir de súbito en la costa del Cantábrico. Dichos accidentes geológicos, además de ser la divisoria natural de las aguas, suelen servir con frecuencia para delimitar las tierras, los pastos y los bosques comunales de concejos y municipios montañéses.

La Vega de Brañagallones, se abre en la cabecera del río Monasterio, afluente del Nalón. En sus verdes campas se conservan pequeñas cabañas de piedra con acogedores porches de madera, y techumbres de pizarra, que sirven para guardar el ganado y el heno. Algunas de estas cabañas son utilizadas por los vaqueros del lugar como viviendas estacionales. Las brañas se hallan rodeadas por densos bosques y paredones rocosos de caliza, de cuyas alturas destaca el Canto del Oso: 1800 m. y la Peña del Viento: 2000 m., cimas emblemáticas de la zona, cuyas faldas se hallan tapizadas por hayas y otros arbustos que trepan hasta las alturas.

De Bezanes a Wamba por Brañagallones y Collada de Acebal

Partimos del pueblo de Bezanes, situado en el ancho valle del Nalón. Un carril de tierra, que sube en zig-zag por una empinada ladera, nos mete de lleno en un frondoso bosque de castaños, que se abre de cuando en cuando para dar paso a verdes prados vallados con troncos de madera. El camino remonta lentamente el curso del río Monasterio, cuyas aguas bajan a tropel de la montaña y se hunden en la tierra donde han excavado espectaculares desfiladeros. Llegamos a un mirador que se abre al valle del Nalón, desde cuyo emplazamiento se domina buena parte del concejo de Caso y las montañas casinas. El paisaje es espectacular, el silencio es absoluto, y la visión que se tiene del quebrado relieve de esta tierra, es un auténtico regalo de la naturaleza. A lo lejos se distinguen los pueblos montañéses que van quedando atrás, éstos, se alinean a lo largo del río Nalón y de su ancho valle. En las alturas, la roca calcárea sube y sube y en el entorno, los castaños dan paso al brezo y al sotobosque de avellanos y matojos.

El camino carretero avanza por el accidentado valle, pasa por pequeñas brañas, donde pastan las vacas casinas, especie autóctona de Caso, y se aproxima hasta el borde mismo del barranco que cae en vertical sobre los grandes precipicios. El carril sigue subiendo y se interna lentamente en el follaje que forman los fresnos, sauces, avellanos y arces que crecen al lado del camino, sortea mediante curvas y mas curvas, los abruptos desniveles del terreno hasta situarse en el arco del Crestón, excavado en la roca viva de la sierra del mismo nombre. Desde este saliente rocoso, el desfiladero se abre al gran circo de Brañagallones, a los frondosos hayedos de Redes y a los colosales paredones de roca silícea que jalonan el alto valle del río Monasterio. Un gran escenario en las alturas, decorado por un mosaico de especies naturales y grandes columnas de piedra, talladas por el tiempo. En el otoño y con las primeras luces de la mañana, el caminante podrá disfrutar, desde este lugar, de uno de los espectáculos más hermosos de la naturaleza. Los suaves contrastes de luces y sombras realzan el quebrado relieve, y los colores y matices se expresan en los tonos más álgidos. Todo un derroche de belleza que se exhibe ante la atónita mirada del espectador, que se siente sorprendido, como lo haría ante un gran cuadro impresionista colgado de una galería de arte.

Por el camino, encontramos fuentes que manan en abundancia, flores de exuberantes colores, plantas aromáticas y una amplia variedad de helechos, musgos y enredaderas, que se descuelgan de los árboles y las rocas y caen sobre el camino.

En las pequeñas brañas y collados que aparecen en los claros del bosque, se levantan algunas cabañas de piedra que salpican el verde paisaje, todas ellas guardan una cuidadosa armonía con su entorno lo que las hace aun más bellas. Estas brañas y majadas son el resultado de la esporádica intervención del hombre en esta tierra, y un legado de la cultura pastoril que ha pervivido en la zona a lo largo de los siglos, lo que ha permitido que en estas montañas se haya conservado una de las mayores masas forestales de toda Asturias.

Pasado el túnel, el camino carretero, atraviesa unos amplios lastrales desprovistos de vegetación, cosa que aprovechamos para disfrutar, durante un trecho, de una amplia panorámica de la Vega de Brañagallones, los extensos hayedos que la circundan y los paredones rocosos de la Cordillera que se alzan vigorosos como telón de fondo.

El camino se adentra en el verdor de Brañagallones por la parte baja, recorre la amplia majada y sube hasta el antiguo albergue, construido en los tiempos en que estas montañas formaban parte del Coto Nacional de Redes. Si nos damos un paseo por la vega, delimitada por los frondosos acebos y los viejos ejemplares de hayas, nos daremos cuenta de lo extensa que es la majada y de lo bien conservadas que están las cabañas de piedra, que se desparraman por toda la vega. Las manadas de caballos y de vacas autóctonas, pastan a sus anchas en el verde. Aquí, nada de cuanto hay sobra, ni hace falta, todo lo que podemos ver está perfectamente integrado con el paisaje, incluido el único y afable vaquero que sale a recibirnos, cuando llegamos.

De la parte más occidental de la vega, entre el bosquecillo de acebos, parten dos caminos carreteros, el que sale más alto, se dirige por entre un viejo hayedo hasta la cueva de Valdebezón, que se halla en la cabecera del valle, de cuyas cavidades manan las trasparentes aguas del río Monasterio. Esta ruta, al igual que sucede con la que pasa por la Collada del Bezal, está considerada como un sendero circular de pequeño recorrido, y como tál, se halla señalizada con marcas blancas y amarillas. Siguiendo este itinerario se llega al Collado de las Agujas o de Aguyes, para una vez aquí subir a la Peña del Viento, desde cuya cima se tiene una amplia panorámica del agreste relieve del Parque Natural de Redes y los plegamientos alpinos de la Cordillera Cantábrica. De la cima se desciende en dirección oeste para unirse al Camino viejo de Castilla, que viene de la Collada del Bezal.

Nuestra ruta sale de Brañagallones de la parte baja, pasa junto a una solitaria cabaña, y desciende un trecho para cruzar el río Monasterio e internarse en el cerrado bosque de Redes, donde crecen centenarias hayas, que se elevan, hasta perderse en las alturas, buscando la plenitud del cielo. La vida en el interior del bosque bulle, se agita incesantemente, larvas y termitas se afanan transformando los viejos troncos que yacen decrépitos, esparcidos por los suelos de turberas. Los hongos proliferan por doquier, los líquenes y los musgos, colonizan el espacio vital que dejan los grandes árboles. Allí donde llega el mínimo rayo de luz, surgen cientos de jóvenes hayas y acebos, que intentan ganar altura lo más rápido posible. Los torrentes de arroyuelos y gargantas, se precipitan ladera abajo, arrastrando tras de sí, las hojas que se desprenden de los árboles caducifolios, estas forman en los remansos de agua, pequeñas represas y vellos remolinos que se agitan en círculos con el viento. Los suelos yacen tapizados por una gran alfombra roja, que se extiende mullida por caminos y vaguadas. La humedad impregna todos los rincones, y se condensa, en forma de agua, sobre las hojas de los árboles y las frondosas plantas que crecen exuberantes. Este ambiente húmedo y templado, favorece la proliferación de una gran variedad de setas, que eclosionan, llegado el otoño, por todos los rincones del bosque.

Redes, es un mundo lleno de vida, de sonidos extraños, de belleza y de un encanto que atrapa al visitante que por este paraje se adentra, para ver, oler, y observar todo cuanto en este bosque encantado tiene lugar. Para disfrutar de los cuantiosos tesoros naturales que aquí se guardan, es preciso caminar en silencio y ser respetuoso con todo cuanto nos rodea, y sobretodo no salirse de los caminos marcados, de esta forma, veremos sin ser vistos, escucharemos sin ser escuchados y sentiremos la presencia de todos aquellos seres que viven en este milenario bosque, repleto de vida, belleza y color.

Todo el entramado vegetal de Redes, es el refugio ideal de una variadísima fauna, que ocupa diversos pisos ecológicos. Por el bosque de hayas, robles, acebos, abedules, servales y castaños, deambulan corzos, ciervos, rebecos, jabalíes, gatos montes, garduñas y el mítico lobo que ocupa prácticamente todo el territorio, desde el valle más abierto hasta la alta montaña. En los lugares umbríos y cerrados, donde crecen los verdes acebales cargados de rojos frutos, vive el ave más emblemática de Redes: el urogallo, al que los casinos dan el sobrenombre de faisán de los bosques.  Por encima de los árboles y de las rocosas cumbres, que rematan este espacio natural, podremos contemplar, sobrevolando el cielo, a buitres, águilas reales, alimoches, halcones y un sinfín de aves rapaces que buscan, con el ojo avizor alguna presa.

El carril atraviesa los grandes hayedos, bordea los paredones rocosos de la Peña del Viento, por su vertiente norte, y asciende por la vaguada del Arroyo Acebal. Cuando las hayas pierden intensidad y dejan paso al monte bajo de retamas, brezos y pastos alpinos, el camino cruza el arroyo y se sitúa en la margen derecha, donde se halla la braña de Mericueria. Salpicando el verdor se levantan algunas cabañas de piedra. Desde esta majada, el camino sube por una empinada pendiente, en dirección a la Collada del Acebal, la cual se abre paso de forma evidente, en el espinazo rocoso de la Cordillera Cantábrica. Por esta collada pasaba el antiguo camino de Castilla, por el cuál, los habitantes de los concejos casinos pasaban a Castilla ,con sus mercancías.

En la Collada del Acebal, se encuentra un antiguo refugio, utilizado por la guardería del antiguo Coto de Caza, y al lado una fuente, de la cuál, podemos surtirnos de agua, antes de afrontar el último tramo del camino. Hasta el mismo refugio llega el camino carretero de Wamba, que desciende en dirección sur, sorteando los accidentes del arroyo de los Fornos, cruza por amplias praderas y monte bajo de retamas y brezo, y desemboca en la carretera que sube de Boñar al Puerto de San Isidro. En el lugar, se encuentran unas casas encaladas que se alinean junto al arroyo. La urbanización del puerto de San Isidro, esta a tan solo un kilómetro de distancia.

GUIA PRACTICA

COMO LLEGAR

Desde Oviedo se toma hacia el oriente, para desviarse por la AS-17 camino de Pola de Laviana. Esta carretera sigue el curso del río Nalón que nos lleva hasta el pueblecito de Bezanes. Desde León se llega a Bezanes, por el Puerto de Tarna, carretera LE-331.

DIFICULTAD

La ruta por la Vega de Brañagallones y el Collado del Acebal, no entraña ninguna dificultad. Solo si accedemos al pico Canto del Oso, o Peña del Viento, la dificultad se hace mayor.

DURACION

Desde Bezanes a la carretera del Puerto de San Isidro, se echan siete horas. Este tiempo se incrementará un poco si hacendemos  a la cueva de Valdevezón o escalamos la peña del Viento.

DISTANCIA

Unos 23 kilómetros, aproximadamente, son lo que separan el punto de partida, (Valle del Nalón, Bezanes) del punto de llegada, carretera que sube al Puerto de San Isidro.

EPOCA

Todo el año, si bien el otoño, es la estación más alucinante, por la explosión de colores y matices, que se produce en el bosque de hoja caducifolia. La primavera es también una buena época para hacer esta ruta sin olvidarse de las luces del verano y el invierno en el que todo se cubre de blanco.

ALREDEDORES

En el pueblecito de Caleao, se encuentra la iglesia de Sta. Cruz de la Real, esta fue construida en el siglo XVI. Además de su hermosa fabrica, destaca el valor artístico de los retablos, todos ellos enriquecidos con numerosas tallas románicas de incalculable valor histórico.

En los pueblos del Valle del Nalón, incluido Bezanes, podemos admirar buenos ejemplos de arquitectura tradicional asturiana. Casonas de piedra, hórreos, paneras y un buen numero de casas de estilo popular.

FLORA

En los hayedos de Redes y en las verdes brañas, crece una amplia variedad de orquídeas, gencianas, geranios silvestres, y sobretodo proliferan los hongos y las setas. Pero sin dudas el hayedo es el protagonista de este paraje, junto con roble y el abedul, entre los que crecen serbales, acebos, tejos y arces.

FAUNA

La variedad de la fauna es una de las cosas más atractivas de Redes. El animal salvaje más abundante es el rebeco. También hay corzos, ciervos y algún que otro gato montes. En los cerrados bosques habita el urogallo y el pito negro, el mayor de nuestros pájaros carpinteros.

INFORMACION

* Centro de Recepción del Parque Natural de Redes. Tle. 985 60 80 22.

* Oficina de Información Turística. Plaza de Alfonso II El Casto, 6 Oviedo. Tle. 985 21 33 85.

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