ALBERT CASALS, UN TROTAMUNDOS EN DOS RUEDAS


El Mundo Sobre Ruedas, Edición en Castellano,  MR

Portada del libro de Albert Casals

Quiero explicaros una historia. La de un niño que nació el 18 de julio de 1990 en Esparraguera, Barcelona. Un niño que nació antes de lo previsto (no quiero decir que naciese prematuro, sino que el parto fue muy rápido), de tantas ganas como tenía de conocer el mundo, pero también la historia de lo que sucedió por este afán de conocer gente y cosas nuevas. Evidentemente, es una historia de aventuras.

Pero todas las aventuras tienen un principio, y si tengo que explicar lo que pasó, supongo que será mejor que empiece por el principio.

No sé bien cuando nació este afán por descubrir y explorar, pero sé que, cuando tenía cuatro años y me iba de excursión con mis padres, acostumbraba a desaparecer a los pocos minutos para “descubrir caminos secretos”.

Tambien que, cuando íbamos a un restaurante, apenas acababa de comer me levantaba de la mesa para “hacer amigos”… y regresaba enseguida, siempre acompañado, para presentar mis nuevos colegas a mis padres. Y, por último, que apenas cumplí con , comencé a ahorrar dinero para viajar en cuanto fuera mayor.

Lo cierto es que con el paso de los años sufrí algunos contratiempos. El que mejor se ganó un sitio en el “hall de la fama” fue, seguramente, la leucemia que tuve a los cinco años y que me sentó en una silla de ruedas a los ocho. Cuando pienso en ello, no puedo evitar hacerme una pregunta complicada: “¿sería más feliz, ahora, si no hubiese padecido una leucemia?” “¿Me gustaría tanto viajar, sería tan consciente de que vivo la vida que quiero vivir y no otra?”.

Imagino que son preguntas que jamás podré responder y, por lo tanto, nunca sabré si la leucemia y la silla han sido un inconveniente o una suerte. Sea como fuere, acabé recuperándome de la enfermedad.

El caso es que los años pasaron, volví a mi tranquila vida en Esparraguera, cerca de Barcelona, y un buen día descubrí que tenía catorce años y ya no podía resistirme más a mis ganas de viajar. Por supuesto que se puede objetar que catorce años son muy pocos, pero a quien así opine yo le preguntaría cuántas cosas hay que lleven esperando los últimos catorce años de su vida y consideren que aún es pronto para hacerlas realidad.

En cualquier caso, tuve la suerte (como veréis, en mi vida hay una considerable dosis de buena suerte) de tener unos padres que, ante el hecho de plantearles la idea de viajar solo a los catorce años, no intentaron encerrarme en un manicomio. Más bien al contrario, mi padre me acompañó a Bruselas para que aprendiera a viajar y para enseñarme a tomar nota de algunas nociones básicas de supervivencia (como que los extranjeros apuntándome con navajas son malvados, que las oficinas de información turística son buenas, que las iglesias generalmente son permisivas y permiten dormir en ellas sin tener que pagar, o que si no preguntas desde que vía sale el tren no te podrás subir a él ). Un cursillo acelerado que no salió tan mal, porque al año siguiente me fui de viaje y regresé sano y salvo, que era todo lo que podía pedirse.

No es difícil adivinar que la experiencia me gustó, sobre todo por parte de los que saben que actualmente tengo diecinueve años, y ya he estado en casi toda Europa, Asia, America del Sur y África.

No obstante, lo que más suele sorprender no es que haya viajado a tantos lugares, sino la forma en la que me gusta hacerlo: totalmente solo. Ni familia, ni amigos, ni nada: solo yo, mis silla de ruedas y mi mochila. La verdad es que la silla de ruedas no me ha representado nunca un problema, más bien ha sido todo lo contrario, como ya explicaré.

Y no sólo voy por mi cuenta, sino que prácticamente tampoco llevo dinero: tan sólo gasto unos 3 € euros diarios, que es todo lo que me hace falta para comer… Es más, cuando todo va bien, en lugar de gastar dinero, mientras viajo lo gano. Suelo dormir en playas, parques, metros, estaciones de tren, iglesias… Aunque, en la práctica, no se puede decir que esté precisamente solo. Allá donde voy conozco gente que me acoge, que me enseña la ciudad, que me lleva a vivir nuevas experiencias y que,  en definitiva, contribuye al echo de que cada día me guste más viajar.

Supongo que cada viajero tiene una razón para serlo: hay quien viaja para desconectar; otros lo hacen para probar comidas exóticas; para ver monumentos y lugares interesantes; para visitar a un amigo o pariente… En mi caso, viajo para conocer gente nueva, por eso cuando me preguntan por un viaje, lo primero de lo que les hablo  es de las personas que he conocido. En mi caso, decididamente, son las personas y no los paisajes los que me motivan para salir de casa.

Lo cierto es que tengo centenares de historias sobre personas y aventuras que he ido viviendo, y que en un momento u otro tendré  que parar. Pero tenemos mucho tiempo y muchas páginas por delante, y lo mejor será explicaros mi historia desde el principio: el primer viaje que hice yo solo…”

albert_246@hotmail.com

Albert Casals

One thought on “ALBERT CASALS, UN TROTAMUNDOS EN DOS RUEDAS

  1. Es uno de los mejores libros que me he leído nunca: tiene aventuras, humor… y lo mejor de todo: que todo lo que se cuenta es real. Gracias a este libro podreis pasar una horas inolidables y llegar a apreciar a una persona maravillosa como es Albert Casals. Se lo recomiendo a todo el mundo. Disfrutadlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *