BOHOYO Y EL PINAR: DOS GARGANTAS AL CORAZÓN DE GREDOS

Canales oscuras

Hay rutas que suponen un deafio mental y físico emprenderlas porque sabes que te espera una dura y larga jornada para poder completarla. Pero también es cierto que las sensaciones que dejan son distintas, los lugares a los que accedes son recónditos y salvajes y al llegar a casa te sientes más montañero que al partir de ella.

garganta de Bohoyo

El comienzo de la ruta se encuentra en un campo de fútbol al que se accede por una pista que parte de la carretera entre Bohoyo y Navamediana. Aunque está señalizada como PR, la ruta por la garganta de Bohoyo no está demasiado señalizada. No obstante no ofrece mucha pérdida. En la ascensión por la eterna garganta de dieciocho kilómetros de largo encontraremos cinco refugios, cabañas acondicionadas para pernoctar básicamente en ellas, en un paisaje granitico exponente de las glaciaciones. Además del robledal y los piornos, son huéspedes de esta garganta un buen número de cabras montesas.

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En cinco horas alcanzaremos la hoya del Belesar y ascenderemos a la cuerda a nuestra derecha para dar vistas a las impresionantes canales oscuras del Almanzor, si subías con hipo, la vista te lo quitará. Comenzamos ahora un cresteo hacia el este en busca de la portilla de cinco lagunas pasando por el risco de cinco lagunas. El panorama hacia la Galana, la garganta del Pinar, el valle del Tietar y el Venteadero es sobrecogedor.

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El descenso por la portilla de cinco lagunas comenzó siendo precavido por si el hielo acechaba y se convirtió en un placer deslizándonos por la nieve primavera “ramasseando”. Atravesamos las lagunas heladas, no vemos ni un alma, todo este espectaculo es para nosotros, no hay una huella. Nos sorprende que nadie haya subido en todo el fin de semana.

la galana

cornisa del Belesar

Tras una breve pausa para comer, entre picos grandiosos y un silencio sepulcrar solo roto de vez en cuando por el graznar de un cuervo, emprendemos el descenso y comenzamos a averiguar porqué nadie ha subido. Nos hundimos en la nieve hasta la cintura e incluso hasta las axilas en algunos puntos. La nieve comienza a estar tan blanda que hace muy costoso el avance. No obstante disfrutamos del majestusos panorama desde la laguna de la Escoba rebosante de agua.

laguna cimera

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Más abajo las cascadas, saltan alborotadas, y amenizan la bajada, pero eso indica el deshielo importante que estamos sufriendo hoy. Llegamos al chozo de la Barranca en la garganta del Pinar y ahí comienza a haber menos nieve y podemos avanzar mejor, aunque nuestras flamantes botas modernas con membranas “impermeables” hace tiempo que han sucumbido a la cantidad de agua del exterior. Bajamos con los pies completamente empapados, por lo que tenemos que parar a vaciar y escurrir los calcetines varias veces. Cuando llegamos al pueblo de Navalperal han transcurrido once horas de caminata casi ininterrumpida, pero al montarnos en el coche se nos nota en la sonrisa que hoy hemos disfrutado.

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