CHAMONIX, VUELTA A LA CUNA DEL ALPINISMO

Enrique Alonso Samartino, Manolo Santervás Martín, Alberto Sánchez Lozano, Pablo y Cesar Blanco Barrio
El Rincón del Trotamundos.
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Nuevamente ponemos rumbo a Chamonix – Mont Blanc. Un rápido viaje en avión te pone en Ginebra por pocos euros y en unas horas allá donde los alpes alcanzan su máxima cota, donde las fronteras de Francia, Suiza e Italia se unen. Chamonix tiene un encanto especial que te hace adorarlo u odiarlo, no es demasiado grande pero tiene de todo, no hay demasiada gente pero puedes encontrar entre ella desde el neófito que accede por primera vez hasta el guía que aparece en la foto de tu libro de montaña.
Este año vamos muy pronto, es 3 de julio, pero el cambio climático invita a adelantarse a la ausencia de nieve. Subimos al refugio Albert I en el glaciar de Tour envueltos por las nubes y la lluvia, 3 horas de ducha nos dan la bienvenida. En esta zona de tresmiles realizaremos el corredor de la tabla de roca a la Aguille de Tour (con una arista mixta que se nos hace larga como aperitivo), la cara norte del Tete Blanche (de unos 150 m., pero con hielo toda ella, no nos esperábamos semejante exigencia) y la Petit Fourche. El mal tiempo nos echa de nuevo al valle el día 6, por mucho que corremos para bajar, nos pilla la tormenta y nueva ducha… es que somos de un limpio….

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Dan tres días de buen tiempo y luego volverán tres de malo, por lo que tenemos que cambiar nuestros planes… Iremos dos días al refugio de Couvercle y el jueves intentaremos el Mont Blanc desde los Cosmicos. El lunes 7 amanece cerrado y por mucho que digan las predicciones que va a abrir nos cuesta creerlo. Cogemos el tren de Montenvers, está lloviendo, para un momento y bajamos las escaleras metálicas a la Mar de Glace, nos calzamos crampones y subimos el glaciar en medio de la niebla… empieza a llover… primero levemente, luego con fuerza… atravesamos una morrena y vemos las escaleras que suben hacia el refugio. No son demasiado atractivas con todo resbaladizo y empapados…. por suerte para de llover. En fin, empezamos a subir, con mucha precaución, según ascendemos vemos que el tiempo parece acertar y que va poco a poco abriendo. Llegamos al refugio y ponemos todo a secar en la terraza… ¡Que vistas!!!… En pleno corazón del macizo cuando se van las nubes descubres picos de leyenda, paredes que quitan el hipo, glaciares inmensos rodeándote… entre estas cumbres está nuestro objetivo para mañana: Las Courtes.

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La subida a las Courtes el martes 8, es algo distinto a lo que hicimos en Tour, una aproximación más larga y complicada, una travesía por zonas poco claras… Un collado de 1100 metros de desnivel, siempre en travesía hacia la derecha y muy pendiente, en su parte final 45º en nieve muy dura. Por último una arista estrecha, venteada y con subidas y bajadas nos deposita en la cumbre de 3850 m. La bajada, siempre hacia la derecha de nuevo nos deja los tobillos doloridos. Comida, breve descanso y bajada al valle.
Se confirma buen tiempo el 9 y 10 por lo que nos subimos a la aguille de midi y al refugio de los Cosmicos. Damos un paseo por la arista Midi – Plan y descansamos para el día siguiente. El tiempo es perfecto, las condiciones de la ruta también, hay mucha mas nieve que otros años pero la huella está hecha hasta la cumbre… nuestra aclimatación deja bastante que desear, será el factor clave. Hay mucha gente en el refugio por lo que será muy importante andar vivos en el desayuno y para salir. A las doce y media de la noche del día 10 nos levantamos y con el arnés puesto hacemos cola para desayunar de los primeros y salir pronto. Hemos sido rápidos y salimos los primeros del refugio, por delante hay dos cordadas que han salido de las tiendas del col de Midi. Otras dos cordadas nos adelantan subiendo el Mont Blanc de Tacul. Es curioso caminar a las dos de la mañana por la pendiente de nieve viendo a tu derecha las luces de la ciudad que duerme ajena a los que intentan alcanzar la cima más alta. Vamos cumpliendo horarios, hora y tres cuartos para el Tacul…. Parada a comer algo, hidratarse, el frío es intenso, son las cuatro de la mañana…. Nos amanece subiendo Mont Maudit, hay hielo en la rimaya del hombro, pero se sube sin demasiadas dificultades… nueva parada a comer y beber algo a pesar del frio, estamos en el col de la Brenva, vemos lo que nos queda, son las cinco y media… todo parece ir bien.

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El último escalón de subida hasta la cima del Mont Blanc se nos hace muy duro, la pendiente es mantenida con constantes zig zags, comenzamos a notar la altura con ligeros dolores de cabeza. Un último esfuerzo y llegamos a las 7 a la cumbre. Alegría, emoción, un abrazo con los compañeros, conscientes de que aún queda bajar, pero con la satisfacción del buen trabajo en equipo. Algunas fotos, comemos y comenzamos a bajar sin prisa… Nos cruzamos con mucha gente que sube, que larga se nos hace la bajada, hacemos continuas paradas… seguir bebiendo y comiendo no impide que estemos casi agotados sobre todo en la subida de nuevo a la Aguille de Midi. Hace un calor intenso cuando a las dos de la tarde llegamos al teleférico para bajar.
Aunque prometen tres días de mal tiempo, siempre hubo algunos claros en mitad del día que nos permiten hacer algunas rutas de senderismo en el valle y cuando el lunes vuelve el buen tiempo decidimos dividirnos: algunos irían a las Domes de Miage y otros iríamos a la Petit Verté. El lunes 14 nos vamos a Vallorcine a hacer una ruta a Loriaz, que maravilla, abetos, prados, lagos, un refugio donde reposar tranquilos, una vista maravillosa, que lugar para perderse unos días….y el martes 15 sin madrugar demasiado nos fuimos a hacer la Petit Verté, un buen pico para entrenar las técnicas de progresión en ensamble tanto en nieve y hielo como en roca. La nieve caída los tres últimos días han dejado todo inmaculado.
De vuelta al valle se mezclan la alegría de lo mucho vivido con la tristeza de abandonar un lugar que ya forma parte de los sitios a los que deseas volver con asiduidad. A algunos la magia de Chamonix nos ha dejado hechizados para siempre y nos impulsa a volver una y otra vez, el sitio tiene tanto que hacer que siempre quedan nuevos sueños, y si podemos, a buen seguro que volveremos a cumplirlos.

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