EN BUSCA DE LA AVENTURA POR EL DESIERTO DE TÚNEZ

Texto y fotografías de Maria Luisa y Juan Albarrán

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Como seguramente recordaréis, el verano pasado no fue muy caluroso en las tierras salmantinas, tuvimos poco calor y hasta las lluvias que habían faltado durante el resto del año…
Un poco por esa falta de calor veraniego y un poco por buscar aventuras, nos decidimos a volar hasta Túnez en pleno mes de agosto. Efectivamente, allí encontramos calor, quizá mucho más del que hubiéramos deseado, pero también un país diferente, con una cultura, unas tradiciones y unas costumbres que nos dejaron huella.

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Se trata de un país árabe pero muy influenciado por Occidente y la cultura mediterránea. Ya sea por cercanía (desde Madrid tardamos solamente dos horas en llegar), o porque no en vano una vez Túnez ocupó un lugar preeminente en el Imperio Romano, las calles de las grandes ciudades pueden confundirse con las de cualquier ciudad europea.
Prueba de ese pasado importante son los numerosos restos y sitios arqueológicos, esparcidos por todo el territorio tunecino, y conservados con mucho esmero. Especialmente nos impresionó Cartago, más que por lo que queda allí, que es poco, por su historia, sus orígenes comerciales y su pasado como metrópoli brillante y dinámica. Sin embargo, es una pena, bajo nuestro punto de vista, que hoy día solo sirva como asentamiento de las clases más pudientes de la capital e incluso del presidente del país, lo que ha contribuido seguramente a que gran parte de los restos que debieran encontrarse allí, hayan desaparecido.

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Pero Túnez es un país lleno de contrastes, y así, incluso cerca de esas ruinas romanas existen medinas y mezquitas, características del mundo árabe. Sin ninguna duda, fueron las numerosas visitas a las medinas lo que menos nos gustó del viaje.
En la parte sur del país se encuentra el desierto, lo que más nos sorprendió, por lo diferente, y también por el inmenso calor, tanto de día como por las noches, que intentábamos mitigar a base de agua helada y del aire acondicionado. Allí tuvimos una de las experiencias más impactantes de nuestra aventura. Nos subimos a un 4×4 para recorrer una pequeña parte de la ruta del París-Dakar, a 100 kilómetros por hora subiendo y bajando dunas,…la verdad es que nos subió bastante la adrenalina. Aunque también tuvimos tiempo de dar un paseo en dromedario, mucho más relajante.
Hay que destacar también los inmensos oasis de palmeras en medio de la nada, que dan toneladas de dátiles. Allí se encuentra la fábrica de “El Monaguillo”. Seguro que a los que os gusta este fruto os sonará bastante.

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Muy sorprendente también fue la visita a Matmata, con un paisaje irreal, llena de casas subterráneas o excavadas, lo que hace que mantengan una temperatura estable durante todo el año.
Otro sitio que nos impactó fue el lago salado, por su inmensidad y por lo inesperado, después de venir del desierto. Además, con más de 40 grados, la sensación era como de estar en el espacio, en un paisaje lunar.
En fin, ya veis que en Túnez podéis encontrar playa y desierto, grandes ciudades y pequeñas aldeas, medinas y tiendas de moda en las capitales. Es todo contraste y mezcla de culturas que le hacen ser más atractivo al visitante.

Todas las fotografías de este autor publicadas en este sitio poseen derecho de autor, Janalbarran©, si quiere utilizar esta fotografía pónganse en contacto con nosotros.

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