¡¡HOLA!! ¡¡AQUÍ ESTÁ LA CRÓNICA DE UNOS BOULDEROS EN FONTAINEBLEAU!!!

Texto de Rosa Vicente. Fotografía de Max y Alberto Sánchez

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Todo comenzó con la invitación a París y a Fontainebleau. Yo, ni idea casi de escalar, más si hablamos de especialidades… Pero dicen por aquí los entendidos que es “El Paraíso del Boulder”. Entonces, para empezar con buen pie el mes de diciembre, decidimos comprobar este dicho con unos profesionales y encantadores amigos, Max y Eva.

Los pronósticos del tiempo no eran buenos, pero el potente optimismo de Eva, que muchos conocen, consiguió que, por arte de magia, ¡¡¡se pudiera escalar ese día!!! Aprovechando la mezcla de culturas que hemos vivido durante todo el fin de semana, comenzamos con un exquisito desayuno francés en el que no faltó el auténtico capuchino italiano. Cargados de energía nos preparamos mentalmente para el ascenso… ¡¡¡a un “Elefante”!!! Os podéis imaginar el tamaño que tiene y las pocas regletas que hay… Me imaginaba sólo lomas y/o romas y en el coche iba pensando: “bueno, mal a de ser que no haya elefantitos al lado o si no, déjenme la cámara que me pido ser Paparazzi”.

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Nos adentramos en el bosque y al fondo vemos un grupito de elegantes piedras, sí, es la idea que me ha quedado de Fontainebleau. Al entrar vas pisando como arena de playa de forma que si al fondo te encuentras “El Paraíso de la Playa virgen” no te sorprendería, pero resulta que son “pedrolos”, aparentemente nada fáciles. Lo único que conozco de boulder es el rocódromo y flipé cuando no veía las presas naturales… Max nos hizo una presentación de todas las piedras del sector “Elefante”, fue un sufrimiento para Alber, quién nunca quiere perder ni un minuto de sol con los pies en el suelo cuando llega a una escuela. ¡¡Me encanta ver su cara de emoción!!

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Ok, decidimos calentar (por decir algo) en esta vía misma, va Max, en un momentín llega arriba. Vamos los demás y… ¡No hay forma! La intentamos varias veces hasta que Max se aburrió de hacernos fotos y nosotros nos imaginamos todas las posibles formas de subir sin éxito. Decidimos mudarnos a otras piedras en las que disfrutamos mucho, no porque fueran fáciles ni porque consiguiéramos hacerlas, sino porque podías despegar los pies de gato del suelo durante unos segunditos. Para haceros una idea, yo sólo hice tres vías (cada vía son tres, cuatro o cinco pasos, ¡no más!) y una cuarta porque las manos de Alberto sujetaban mis pies de forma que las regletas minúsculas se transformaron en cazos gigantescos, o sea que no la hice. Eva y Alberto hicieron cinco o seis y ¡¡Max todas!! ¡Ah, no! Menos el famoso elefante… tanto hablar de él y al final sólo se dejó fotografiar. Se me olvida comentar que da mucho, pero que mucho miedo el boulder. Cuando has subido dos o tres metros y no estás muy seguro, piensas que si te caes, ¡¡Fontainebleau se queda con tus dientes!! Y no acaba ahí, cuando estás arriba, foto de cumbre sonriente y después te vuelves a jiñar cuando te planteas bajar del pedrolo…

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Se nos hizo de noche y acabamos viendo reportajes de fotos de los viajes de nuestros amigos después de una abundante cena que preparamos en casa entre los cuatro, una Fondue “patata” 😀 y unos espaguetis a la Carbonara ¡como en la misma Italia! Valoración del viaje: ¡¡¡maravilloso!!! Da gusto tener amigos repartidos por los paraísos del mundo. Gracias Max y Eva.

Con amor para “El Rincón del Trotamundos”,

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