CUMBRES DE CALIZA EN DÍAS DE ENCAINADA

Texto y fotografía de Cesar y Pablo

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Ya estoy de vuelta en la civilización, sentado en mi puesto de trabajo, aunque todavía me late en las venas el espíritu de aventura que nos llevó a pasar una semana por los Picos de Europa.

El día dos de agosto salimos de Gijón rumbo al teleférico de Fuente De, el equipo estaba formado por Pablo, Manolo y yo. Nuestro objetivo para ese día era hacer la cresta Madejuno – Tiro Llago. Quedamos muy impresionados por los pasos superaéreos que tuvimos que hacer en el Madejuno y por el precioso rapel volado, también por la valentía de Pablo que en cuanto nos descuidábamos se había hecho una chimenea de tercero desencordado y con botas. Poco a poco fuimos resolviendo la cresta tras algunos pasos muy impresionantes pero fáciles y unos cuantos rapeles. Habíamos terminado la cresta, pero aun estábamos muy lejos de las mochilas. Después de bajar a por ellas a la Vueltona subimos hasta una cueva cerca de Cabaña Verónica donde caímos rendidos, deshidratados y muertos de hambre.

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Al día siguiente nos fuimos a por la Aguja de la Canalona, una escalada fácil y con ambiente, para disfrutar. Lo más espectacular de la vía es el bloque al que te tienes que subir de puntillas para luego auparte a la cima. Este día usamos por primera vez el prusik para rapelar, un gran descubrimiento, sobretodo para Pablo que ya no se tiene que dejarse el brazo haciendo fuerza para frenar. Volvimos a nuestra cueva y nos despedimos de Manolo que ya llevaba bastante caña este verano con lo de Alpes. Se llevó nuestros sacos y nos dejo material, gracias Manolo. A nosotros todavía nos quedaba acercarnos hasta el refugio de Collado Jermoso, dos horas y media de bonito paseo con los macutos a cuestas.

Nuestro siguiente objetivo fue la Torre Peñalba, por la vía normal de la cara NO (AD, III+). Empezamos a recorrer la parte baja de la pared, tal y como decía la guía, pero a nosotros eso no nos parecía muy normal, íbamos cruzando una empinadas canales de tierra con piedras incrustadas que no se veían donde terminaban hasta que encontramos un pequeño espolón de roca. Sin darme cuenta desprendí un bloque de roca que paso rozando a Pablo y empezó a levantar una gran polvareda, salimos rápidamente de allí y se desprendió el resto del espolón. Las piedras siguieron cayendo durante unos minutos. Decidimos que no queríamos volver a pasar ese tramo y que la única salida era hacer cumbre. Con mucho cuidado, por que el terreno seguía estando muy suelto, escalamos la pared, algunos tramos nos parecía que podía llegar al IV, hasta que salimos a una pequeña arista y por fin a la luz. Tras un rato de nervios encontramos la línea de rapeles, estábamos salvados, en un rato estábamos en el suelo. Más tarde nos enteramos que de ruta normal nada, nos habíamos equivocado y habíamos subido por donde nos dio la gana. Para relajarnos esa tarde fuimos a ver la bonita puesta de sol que se ve desde el collado sobre el refugio.

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El domingo, día del Señor, nosotros no descansamos. Pretendíamos cruzar desde Collado Jermoso a Cabrones, pero no encontramos el paso. Acabamos resguardados de una tormenta en Cabaña Verónica, un poco machacados después de tanto trote. Por suerte los dos días siguientes fueron de niebla cerrada y lo único que hicimos fue acercarnos a Cabrones y hacer fotos a las flores y los bichos.

Tanta inactividad ya nos tenía un poco cansados, así que cuando vimos que abría un poco el cielo salimos corriendo hacia la arista NE del Pico de Cabrones. Pasos fáciles, pero muy impresionantes, algunos cortados a cuchillo. Bajamos disfrutando del sol, pero por la tarde se cerró la niebla de nuevo y nosotros salimos corriendo para Vega de Urriellu por que habíamos quedado con Fran.

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Fran no apareció hasta el amanecer del día siguiente, por lo visto tuvo una aventura nocturna con la niebla y las pilas terminadas de su frontal. Por suerte llego sano y salvo y listo para salir a por la Sur del Naranjo. Fuimos la segunda cordada en llegar a la pared, la primera fue muy rápido y la tercera muy lento, así que disfrutamos de toda la vía para nosotros solos y de la cumbre en un día totalmente despejado y con vistas hasta el mar. Una escalada perfecta, en un día perfecto.

Después de ocho días en el monte ya habíamos cumplido con buena parte de nuestros planes, así que volvimos a Gijón a disfrutar de la hospitalidad de Manolo y a bañarnos en la playa. Ya estoy soñando con nuestra siguiente correría, ¿dónde será? ¿Gredos, La Pedriza, Calpe,….?

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