ÁGUILAS DE LA MONTAÑA

Una semana en el Oberland

Texto y fotografía de Manolo Santervás

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Era el último gran macizo de los Alpes que nos faltaba por hollar, surcado por enormes glaciares parecía reunir todos los atractivos para disfrutar de un viaje de aventura toral en la montaña, así que para allá nos fuimos el 12 de julio.

La primera aventura empezó en el aeropuerto, un “mal entendido” nuestro (según la compañía) propició que nos presentáramos en el aeropuerto con 15 kg de exceso de equipaje (unos 130 € de cargo si no lo solucionábamos) ¿solución? Ponernos botas, equipo de nieve, forro, chupa… en Madrid en julio, pero pudimos pasar sin pagar nada (casi me quitan los mosquetones del equipaje de mano porque podía agredir con ellos a alguien…).

Llegamos a Ginebra, cogemos el coche de alquiler… es automático ¿cómo narices se conduce esto? Viaje por carretera hasta Fiesch, hacemos mochila, cogemos teleférico (sin comer, por supuesto, no hay tiempo), pateo por pistas, atravesamos un túnel de 2 km y llegamos al refugio “Gletscherstubbe” a 2200 m. La cena es a las seís de la tarde, por lo que nos da tiempo a echar una ojeada al camino del día siguiente hacia el glaciar Aletsch.

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El día 13 nos dan el desayuno bastante tarde, a las 7 (porque sólo vamos hasta el refugio de Konkordia). Empezamos a andar a las 7.30, la bajada al glaciar es bastante más larga que lo que parecía el día anterior. Debemos ir sorteando grietas (el glaciar no tiene nieve a esta altura) hasta la morrena central por la que comenzamos la ascensión. Son varios km. por este gigantesco glaciar, a una altura de 2600 m, tras más de tres horas debemos cambiar el rumbo e intentar encontrar el camino que sube al refugio desde el sur. No nos cuesta demasiado trabajo encontrar la senda con cables, escaleras y un buen trazado que nos deja en el refugio de Konkordia a 2800 m.

El refugio está en un emplazamiento privilegiado, lugar de unión de cuatro glaciares y en un balcón que domina 100 m más arriba la denominada konkordia platz. El guarda nos comenta por dónde debemos pasar de noche el próximo día para sortear los ríos y las grietas y el lago que debemos encontrar para hallar el paso. Tras comer salimos a dar un vistazo y cargar en el gps el track para el día siguiente pues no parece fácil de seguir el camino indicado en la oscuridad. Volvemos justo para la cena. Dejaremos algo de ropa y comida en este refugio para cuándo volvamos por aquí. El tiempo es muy bueno y traemos demasiada ropa de abrigo.

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Nos levantamos a las 2.45 el día 14, nos han dejado preparado el desayuno en una mesa y a las 3.30 comenzamos la bajada de las escaleras del refugio al glaciar. Son muchos peldaños situados en un cortado vertical y en la oscuridad con el viento gélido y el único sonido metálico de nuestras botas contra el aluminio exigen cierto cuidado. Llegamos a la morrena, todo es más complicado que de día, tras media hora salimos al glaciar y comenzamos a rodear Konkordia Platz. Nos dirigimos hacia el Junfrau Joch, tras hora y media rodeamos el lago y empezamos la subida del Junfraufirm (un glaciar). Hay huella y está cubierto de nieve. Llegamos a la base del pico Junfrau 4100 m a las 7.30.

Se puede dividir la ascensión al Junfrau en tres: una primera parte mixta hasta un hombro, una segunda por nieve hasta un collado y una última con roca y una arista hasta la cumbre. Deberíamos estar en la cumbre antes de las 11 para encontrarnos buena nieve al bajar. La ascensión de la primera parte entre nieve y rocas nos lleva hora y media, notamos la altura en exceso y la nieve está ya blanda, decidimos darnos la vuelta y bajar. El camino hasta el refugio Monchhutte desde el Junfrau se nos hace eterno, nos hundimos en la nieve, el calor es asfixiante (a 3500 m) y cuando llegamos al Junfrau Joch (donde llega un tren desde Interlaken y Grindelwald), todo el mundo nos pasa como si fuéramos auténticos lisiados. Las abuelas hacen fotos a nuestro lado según nos adelantan (un recuerdo al lado de un alpinista, deberíamos cobrar por ello), la mochila pesa más que nunca… llegamos al refugio a 3650 m tambaleándonos y exhaustos a las 13.30.

Esa tarde echamos una siesta de campeonato (todos los días a partir de ahora dormiríamos entre 2 y 3 horas de siesta para recuperar). Nos levantamos para cenar e hidratarnos. Mi compañero, Kike tiene problemas con el estómago y la cabeza (siempre le pasa al aclimatarse a la altura). Yo empiezo a estar un poco mejor tras el descanso. A las ocho y media nos vamos a dormir.

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El día 15 nos levantamos a las 4.30 (a las cinco ya amanecía), desayunamos y nos fuimos a hacer la arista suroeste del Moch (4105 m). Hemos dormido bien, y parece que ya la altura no nos afecta demasiado. Subimos bastante rápido este pico, de bellas aristas, con estrechos pasos en nieve y algunos tramos rocosos aislados de fácil aseguramiento. A las ocho estábamos en la cumbre y aunque bajamos con toda la calma a las diez ya estábamos de nuevo en el refugio.

Nos esperaba una etapa dura al día siguiente por lo que Kike decide quedarse a descansar y yo me voy al Junfrau Joch a hacer fotos. A la vuelta puedo subir sin problemas en 40 minutos lo que nos llevó casi dos horas el día anterior.

La etapa del día 16 prometía ser de las de aúpa. Deberíamos pasar el Fieschersattel (un collado a 3900 m ). Nos levantamos a las 2, desayunamos y nos vamos por el glaciar Ewigschneefeld hacia abajo, debemos perder altura hasta 3200 m desde el Monchhutte para luego subir. En la oscuridad 20 m más adelante mi cordada camina, silencio absoluto, sólo roto por el susurro del roce de los nudos de la cuerda sobre la nieve, nadie alrededor, las estrellas brillan con fuerza , la nieve dura a trozos, otros se rompe la costra. Estamos sólos en pleno verano en los Alpes.

Comienza a amanecer a eso de las 4.30 y comenzamos a subir al Fieschersattel. La pendiente se va acentuando, vemos una cordada mas adelante a la que alcanzamos en la base de la rimaya. Paso a la cabeza para buscar un punto en el que atravesar la rimaya, cogemos los dos piolets y comenzamos a avanzar a largos. Hasta el collado nos quedan 200 m de nieve dura y hielo a 50º. Llegamos al collado, donde sopla un viento fuerte a las 8, por lo que nos animamos a subir al Hinter Fiescherhorn (4060m).

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Esta subida nos llevo una hora, algo entretenida por la roca descompuesta. Comenzamos, tras comer algo, la bajada del plató hacia el Ochs, cerca del Eiger, para buscar la parte izquierda de la cascada de seracs por la que bajar. Por suerte, alguien bajó en el día de ayer y nos facilita el seguir sus huellas. Nadie en toda esta bajada.

Llegamos a las 11 al glaciar Finsteraarhorn, y comenzamos a avanzar por él hacia el refugio. En la parte baja de este glaciar había alguna grieta traicionera y tras varios rodeos llegamos al refugio a la 1 de la tarde. Los refugios que habíamos visitado nos parecían magníficos, pero nada comparados con este Finsteraarhornhutte a 3050 m. Nuevo, amplio, limpio, con todas las comodidades (menuda siesta nos metimos jajaja).

El día 17 nuestro objetivo era el pico más alto de la zona, el Finsteraarhorn 4270 m. Salimos temprano para variar, nos levantamos a las 3, para salir a las 4. La primera parte sube un camino a través de rocas medio andando, medio trepando, hasta llegar a un glaciar. Este glaciar tenía trozos de hielo duro y otros con nieve que tapaban alguna grieta delicada. Después venía un espolón de piedras y nos metía ya en la subida al Huggisattel (un hombro bajo la cumbre). Hasta la cumbre el terreno era ahora mixto, con pasos de II y nieve dura. Nos adelante un guía con su cliente y nos aconseja sobre cómo asegurar la subida.

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A las 9 estamos los cuatro en la cumbre, hoy no subirá nadie más, es un pico exigente y no es digamos un 4000 fácil. Bajamos asegurando los pasos y llegamos al refugio a las 12. El guía (llamado Bruno Hasler, una figura de talla mundial en esto del alpinismo, y bastante simpático y modesto como suele ser norma con la gente de este tipo) nos corrige algunos errores que nos ha visto en la progresión por el glaciar y nos aconseja quedarnos en este refugio en lugar de ir a Konkordia.

Le hacemos caso, echamos nuestra siesta de rigor y al día siguiente a las 4 de la mañana estamos camino de konkordia a través de Grunhorn Lucke (un collado a 3200 m), recogemos las cosas que dejamos en el refugio días atrás y salimos hacia Fiesch donde llegamos a las 2 de la tarde. Estamos agotados, pero con la enorme satisfacción de conocer una zona francamente interesante, con mucha menos gente que otras en Alpes y que se merecer alguna otra visita.

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