Texto y fotografía de Fran Muñoz

Que decir de las aventuras, pues no se, prefiero vivirlas que contarlas, pero por esta vez vamos a hacer una excepción. Después de llegar al collado de Pandebano a las 9 p.m habiendo conducido 6 horitas desde el gran Mandril, me calcé la mochila y me puse a caminar, sabía que el camino hasta Vega Urriellu era fácil de seguir y que solo había un par de cachejos malos, así que pensaba yo inocentemente que aunque se hiciese de noche llegaría sin problemas. Ya cuando empezó a oscurecer empezaron a surgir los problemillas, primero se empezó a meter la niebla, que de primeras no era muy densa pero que luego fue aumentando hasta que junto con la oscuridad hizo que el camino no se viese con claridad. Así que me puse el frontal, y seguí caminando pero solo unos cinco minutos ya que me quede sin pilas a mitad del recorrido, con estás me senté en medio del camino y me puse a cambiarlas, menuda odisea, alumbrándome con el mechero, ya que no se veía la posición en la que iban y pensando en todo lo malo, están gastadas, se ha roto el frontal, me toca hacer noche por el camino … conseguí, después de ese rato tenso, colocarlas y tirar para arriba, aun viendo con dificultad ya que el frontal alumbraba poco y mal, la luz se reflejaba en la niebla y casi me equivoco en un par de desvíos en los que tuve que ir buscando las marcas pintadas y los mojones.
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