LA CALA DE SAN PEDRO, UN OASIS DE NATURALEZA SALVAJE EN EL MEDITERRÁNEO

Texto y fotografía de R. Álvarez

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Un oasis rodeado por antiguos volcanes, dunas fosilizadas, montañas de basalto y recónditas cuevas. Un lugar reservado para los amantes de la salvaje naturaleza, las caminatas y el silencio del mar. Un paraíso en el reino del ladrillo, al que solo se accede caminando por un sendero que discurre al borde de los acantilados, o navegando por el mar.

En el interior del Parque Natural Marítimo Terrestre del Cabo de Gata-Níjar, descubrimos, al acercarnos al litoral, la insólita playa de San Pedro, uno de los parajes más fascinantes y bellos de esta costa que jamás antes habíamos visto en nuestros viajes por tierras del sur peninsular.

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Es una playa realmente idílica, conservada en estado puro a través de los tiempos, gracias a la imposibilidad de acceder al lugar con otro medio que no sea de nuestros pies. La cala esta rodeada por viejos volcanes y dunas fosilizadas, que forman montañas de pequeña altura. La fragilidad de estos materiales favorece la acusada erosión que sufren las rocas, es por esto por lo que su relieve esta sometido a un permanente cambio. Los materiales geológicos de la montaña están siendo modelados por el caprichoso viento de levante que azota las costas almerienses, la escasa lluvia que cae en tromba y el continuado embate del mar, que modela los acantilados y las numerosas cavidades existentes en la roca.

El valle cerrado que forma la ensenada de San Pedro, desciende de las áridas montañas, desnudas de vegetación y se abre, en forma de media luna, al encuentro con las azules aguas del mar Mediterráneo, que esperan impacientes para apagar la sed de este pedazo de tierra virgen, calcinada por el sol y por el viento que el mar empuja tierra a dentro.

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Toda la playa y las montañas cercanas están dominadas por el viejo torreón del fuerte de San Pedro, que en un gesto de valor y gallardía, yace desafiando el paso del tiempo, la salinidad del mar y la desidia de los hombres. Esta atalaya, construida en el siglo pasado por los nobles del lugar, para la defensa de las costa y la lucha contra las incursiones de los piratas berberiscos, mira fijamente hacia el mar, saludando a cuantos barcos surcan las aguas del Mediterráneo. Las paredes de este antiguo fuerte calcinadas por el sol, parecen simular el escudo de un antiguo guerrero, que con el casco calado hasta los hombros, espera paciente que regresen los antiguos piratas para entablar batalla.

Cuentan las crónicas que el fuerte estuvo durante un tiempo en manos de piratas y salteadores. En ese tiempo el territorio fue tierra de nadie, algo parecido a lo que sucede hoy. De lejos todo parece abandonado a la suerte que el desierto tiene reservado a este pedazo de tierra. En el entorno sólo se divisan algunos viejos algarrobos que crecen sobre los abandonados bancales, higueras chumbas que claman agua del cielo y algunas palmeras traídas de África. Estas huellas humanas, delatan desde lejos la existencia en el lugar de un oasis, en el que recalan hoy todo tipo de personajes venidos hasta aquí de todas partes del mundo.

A medida que nos acercamos nos damos cuenta que el paraje no está solo que en los viejos aposentos del fuerte y en las numerosas cuevas naturales que hay en las laderas de la montaña, vive gente pacífica, venida hasta esta ensenada del Mediterráneo, buscando la salvaje naturaleza. Son gente afable, que busca la libertad perdida, el silencio y el contacto del medio natural. Personas que no reconocen fronteras, ni cuantos perjuicios esclavizan hoy al ser humano. Gente de distintos pueblos, razas, condición humana, continentes y culturas, que adoran el mar, cantan a la naturaleza y viven en toda su plenitud la libertad y el poder de lo terrenal.

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Nos sorprende el observar en algunas zonas apartadas de la cala montoncitos de piedras formando hitos, construidos con los cantos rodados que el mar ha arrancado a las montañas. En estos montoncitos encontramos rocas que han sido modeladas de forma esférica por el agua, en una gama variada de tonos y colores, que dan a estos originales hitos un mayor misterio. Nos explican que estos montones de piedras, levantados en la playa sin ningún orden por manos anónimas, constituyen un canto a las múltiples creencias y religiones de cuantos viajeros han pasado por la cala almeriense de San Pedro.

La tarde cae sobre las montañas y cubre de sombra y soledad este rincón naturalista. El mar trae hasta la costa una suave brisa que acaricia las cálidas arenas de la playa. En esos momentos debemos pensar en abandonar el paraíso natural y regresar al pueblecito de Las Negras, dando por finalizada nuestra estancia en este perdido paraje de la tierra antigua, donde hemos compartido con otros seres, venidos de los confines del mundo, algo que ya creíamos perdido.

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5 thoughts on “LA CALA DE SAN PEDRO, UN OASIS DE NATURALEZA SALVAJE EN EL MEDITERRÁNEO

  1. Este septiembre tuvimos el privilegio de disfrutar del Parque Natural del Cabo de Gata, quedamos enamoradas de este maravilloso paraje con sus deserticos paisajes, sus calas, su especial vegetación, la tranquilidad y el silencio. Una de las calas que más nos gustó fue la de San Pedro a la que llegamos por una preciosa senda desde Las Negras. Lo único que no me gustó fue ver que la playa estaba plagada de campistas libres no sólo entre su vegetación sino en la propia arena. Comprendo que el vivir allí tiene que ser un sueño, pero no hay que olvidar que se trata de un Parque Natural, reserva de la biofera, y que eso tiene sus ventajas y sus incovenientes, sus ventajas es que han de existir unas leyes que garantice la conservación de la zona y no nos engañemos, los humanos no somos una buena baza para mantener limpia y descontaminada un área natural. Sé que la gran mayoría de los que allí habitan tratan de ser lo más ecológicos posible, pero seamos francos, si uno va a cagar ¿qué hace para limpiarse después?, usar papel, ¿y qué pasa con ese papel después?, ¿toda la basura se recoge después y se la lleva una a cargas? (entre esa basura tu papel higiénico manchado de tu caca), ¿qué pasa con las colillas?…y así podría seguir. Ese es el inconveniente de ser Parque Natural, que hay que aceptar las mismas reglas que lo protegen.

  2. Lástima que las negras han sufrido el acoso del ladrillazo, no tanto como otras localidades, ni mucho menos, pero ya no es un pequeño pueblecito con encanto, ahora asoman las urbanizaciones y rotondas insultando el árido y bello paisaje.

  3. usar papel higiénico para limpiarse el ojete es un atraso. Lo mejor es hacerlo con un poco de agua. Es más efectivo y no dejamos residuos

  4. Buenas a todos
    He estado este verano (agosto) en la cala San Pedro, y la verdad que hay ciertas cosas que me gustaria aclarar.
    Como elemento de naturaleza es un sitio precioso.
    Eso sí esta hecho un asco.
    Seguro que no es la gente que vive allí y los más arragaidos a la cala. Pero aunque hay normas de higiene, con letrinas, basuras, con toda la gente que va en verano el estado es bastante sucio.
    Siempre se escapan cosas, se vuelan papeles, pero hay gente que deja basura.
    Los montoncitos de piedras, que se ven por todas partes, esconden las cacas de los perros que pasean libremente por allí.
    Hay gente que tiene sus tiendas de campaña, y otros que se han hecho pequeñas casitas y cobertizos.
    La verdad que al que le guste la naturaleza, o sea naturista, el último sitio que iría es allí.
    Entre todas las tiendas que se ponen a pie de mar y todos los turistas que van en barca desde Las Negras (excursión del día por 6 euros el trayecto) esta lleno de gente.
    Eso sí, el paseo, la montaña, las vistas, la cala, el mar son muy preciosos.

    Un saludo

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