AMANECE AL SUR DE GREDOS ENTRE GARGANTAS Y HELECHOS

El camino de Chilla, un oleaje de roca viva esculpido por el tiempo

Texto y fotografía de Manolo Santervás

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Hay rutas que están envueltas en cierto mito, y eso las hace más atractivas “no voy a Chilla porque lo único que haré al bajar es Chillar de dolor”, “es la ruta de montaña más dura que rafa hizo en España””los últimos que vinieron conmigo juraron no volver en la vida”… a algunos que tenemos espíritu inquieto (vamos que somos un poco masocas jejeje…) esos comentarios nos motivan más que otra cosa. El sábado a las seis de la tarde nos fuimos para Candeleda Kike, Luis, Rafa y yo… Ya de camino para allá pudimos disfrutar del paisaje por rutas de coche poco conocidas y algo más largas para llegar a la Ermita de Chilla al anochecer. Ni un alma. Cena con la última claridad y a dormir bajo las estrellas con un silencio solo interrumpido por la visita de algún mosquito, algún roedor, o ya al alba por el rebuzno de algún asno lejano. A las cinco y media hay que levantarse, es la hora de la montaña.

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Cuando afrontas una ruta como esta, rodeada de tanta fama de dureza, lo haces con cuidado de no sufrir una pájara o pagar luego las posibles alegrías que hagas al comienzo. El camino sale entre fresnos y robles centenarios, con el frescor mañanero (que no era demasiado) y con un largo día por delante. Tras una corta subida, nos dirigimos a la garganta de Chilla sin ganar demasiada altura, rodeados por un mar de helechos que hacían a veces que no nos viéramos, y lo que era peor que no viéramos dónde poníamos el pie, con el consiguiente peligro de torcedura o tropezón. El paisaje: simplemente impresionante, el corazón de Gredos vive al sur. Una sierra domesticada por carreteras, masificada y sin apenas desniveles por el norte, se muestra agreste, poblada de árboles, surcada por profundas gargantas en las que se precipitan rabiosos cauces de frías aguas y con los cuchillos de las cumbres apuntando hacia lo más alto desde la vertiente sur. ¡Hay que visitar más Gredos por el sur! El viaje es largo, los desniveles son salvajes, pero es la única forma de encontrarse con esta montaña en su verdadera magnitud. No encontramos a nadie en todo el día, hasta estar luego de vuelta en el pueblo (que diferente es la ida por la laguna grande si se accede por barrerones). El camino que bajaba a la garganta desaparece al llegar a las pozas cristalinas, entonces nos toca subir campo a través (helecho a través) a buscar la senda más alta que nos lleve hacia “el Cristo”. El Cristo es una poza situada a dos horas de la ermita, que suele ser el último lugar en el que encontrar agua. Este año las lluvias hacen que haya agua más arriba, pero lo que sí es cierto es que la poza del Cristo marca el final de la senda o camino que llevamos para empezar a seguir hitos, sin camino definido que inicia una segunda parte de la ruta. Esta segunda parte busca sin ningún disimulo lanzarse hacia arriba a alcanzar el casquerazo. Hasta aquí 600 m. de desnivel, a partir de aquí casi 1000 de golpe. Poco a poco, paso a paso, ritmo, buscando no fatigarse demasiado. La portilla del Casquerazo, previa a la de los machos, es un inmenso pedrero de bloques grandes. Aquí cada uno busca su senda, cabeza agachada, el sol parece que nos dará ya en la última parte de la subida. El grupo se fracciona, un dolor de rodilla de kike le hace ir más lento, rafa le espera, Luis se va a la izquierda y yo para evitar el sol a la derecha. Llegamos tras cuatro horas de marcha al collado, separados por escasos segundos. Paramos a comer de nuevo algo, es fundamental para evitar una posible pájara, las piernas comienzan a notar el desnivel.

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No conozco esta vista de Gredos, eso me hace estar totalmente desorientado. La vista de la garganta blanca con los hermanitos es impresionante, comenzamos a subir rodeando el casquerazo hacia la portilla de los machos, para seguir el recorrido de la integral del circo por el Cuchillar de las Navajas. De momento todo bien, llegamos a la portilla Bermeja, el Almanzor debe esperar para otra ocasión, aún queda toda la bajada y si el terreno es similar puede ser mortal para las piernas. Comemos, descansamos un rato, relajamos las piernas, llevamos ya 1800 m. de subida. Tras media hora nos ponemos a bajar por el camino del tío Domingo bordeando las canales oscuras del Almanzor. ¡Que camino tan bien trazado! Pasa por lugares inverosímiles, perfectamente marcado para seguirlo, con multitud de zig zags para hacer cómoda la bajada… Nos permite perder 700 m sin que las piernas se resientan apenas… es la clave para el día – si la bajada fuera por un pedrero como el que subimos, sería agotadora muscularmente hablando. Al llegar a los pies de la peña de Chilla se debe abandonar el camino del tío Domingo para bajar una portilla campo a través (600 m. de bajada) hacia el Charco del Cristo. Rafa ve a lo lejos otra posibilidad de bajada más cómoda (que hemos bautizado como el camino del tío rafa) y nos vamos hacia ella. Casi no había piornos, casi no había piedra suelta, casi no había rocas, ni prados resbaladizos… había un poco de todo esto, pero se bajaba bastante progresivamente y sin cargar las piernas. Estamos a las cuatro de la tarde de nuevo en la garganta de Chilla, una cascada hace de improvisado y gélido yacusi para los pies que no aguantan más de medio minuto en esta agua helada. Solo nos queda atravesar de nuevo el mar de helechos para coger, ahora sí, el camino correcto de bajada que nos deja a las seis y media en la ermita de Chilla. En los bosques de la ermita nos encontramos un grupo jugando al baile con escoba, otros con sus barbacoas, otros con sus perros…. Volvemos al territorio dominguero después de haber disfrutado de las míticas cumbres y el camino del tío Domingo.

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En marzo del año que viene, si todo discurre con bien, nos espera la misma ruta con nieve, si el cambio climático lo permite, promete ser un espectáculo fuera de lo común.

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