DE PISA HASTA LOS ARANDANOS EN BICICLETA

Francesco (Italia)

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Me levanto temprano, un domingo. Ganas de verde, de bosques, de arroyos, de cumbres entre las nuves. Pero no quiero tomar el coche, encontrar atascos, estar sentado conduciendo por horas. Que hacer? Estamos en Pisa, antigua ‹‹República marinara›› en los siglos XII y XIII, 4 metros de altura y el mar a unos kilómetros. Pero, en realidad, los montes no quedan demasiado lejos. Además hay que elegir: al norte le Alpi Apuane, vertientes empinadas y piedra caliza donde se puede escalar por caras de 700 metros; allí esta el mármol de Carrara. Hacia oriente esta el Appennino, la cordillera que cruza por toda Italia, desde las Alpes hasta la Sicilia: con vertientes suaves, piedra (casi siempre) arenisca, con mucha nieve en invierno, bosques inmensos de castaños y hayas y pueblos serranos encantadores. Ya tengo mi plan: iré hacia el Appenino en bici, con mi vieja carretilla de montaña.

Para ir a los montes appenninicos tengo que cruzar Lucca, preciosa ciudad medieval, una joya de arte románico rodeada por murallas. Queda a 20 kilometros de Pisa y las dos, en la edad media, fueran ciudades poderosas, republicas de mercaderes que lucharon entre ellas muchas veces. Pisa empezó antes su historia y antes la acabò: en 1409 ubo la definitiva derrota, Florencia ganò la guerra y desde entonces la ciudad de la torre fue un pueblo conquistado. Por el contrario Lucca fue capital de su pequeño estado, un pañuelo florido de huertos, olivares y viñas, hasta la llegada de las tropas napoleónicas.

Entre Lucca y Pisa hay un grupo aislado de altas colinas de las que Dante habla como ‹‹il monte, per che y Pisan veder Lucca non ponno›› (Inferno, XXXIII) y yo, para empezar el viaje, hago la primera cuesta del día a lo largo de un camino empinado entre olivos. Después, con una breve bajada, cruzo Lucca y sigo hacia la montaña pedaleando por una carretera al lado del río Serchio. Mas adelante empieza un valle cerrado por montes cubiertos de verde; que alcanzan los 700-800 metros, con muchos pueblos que parecen nidos de cigüeña. Despues de 40 km, llego a Bagni di Lucca, pueblo conocido a lo largo de la historia por su balneario y donde pasaron, un tiempo, Michel de Montaigne, y siglos despues, Byron, Shelley, Rossini, Puccini…

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Aqui estoy finalmente a los pies de la cordillera appenninica y puedo empezar la larga subida de 1500 metros de desnivel, esta llega hasta el puerto llamado Foce a Giovo (1674 m), antiguo camino entre cumbres de 2000 metros que reune mi region, la Toscana, con l’Emilia Romagna, la tierra donde hay Bologna, Ravenna, Parma, Modena…

La carretera sube entre el estrecho valle Fegana, con el río homonimo abajo, cría de truchas y bosques de acacia y de castaños. Todo el Appennino, y también este trozo de Tosco-Emiliano entre Lucca y Modena, es una tierra con inmensos castañares. Hasta hace 50 años aquí, en Garfagnana, se vivía gracias a este árbol: una montaña con muchos pueblos serranos porque en la edad media la gente subía arriba para lograr sitios más seguro y defendible y desde entonces empezó el cultivo del castaño que llenó todas las vertientes de la montaña. Un rasgo de estas montañas, cercanas a antiguas ciudades, con muchos pueblos medievales en cada rincón, son las huellas dejadas por el hombre. Aquí la naturaleza parece totalmente salvaje pero, mirando con cuidado hacia atrás, aparece la mano de los antiguos habitantes que supieron transformar el medio ambiente con armonía y respeto. Estos miles de castaños singulares, por ejemplo, que parecen aqui desde la prehistória, son el fruto de un trabajo empezado, más o menos, en los siglos XI y XII. Ademas en los vertientes más empinadas, a 1000 metros y de altura, todavía se pueden ver ‹‹aterrazamientos›› para cultivar la tierra donde esta no quiere quedarse.

Sigo subiendo y de vez en cuando me paro para mirar (en realidad para descansar) pueblos colgados más arriba: Vitiana, Tereglio, Montefegatesi y cada uno podria ser meta de unas horas de visita para los edificios antiguos en piedra, la paz y la tranquilidad de otros tiempos. Pero hoy tengo otro plan y queda todavía mucha subida. Después de unos kilómetros a lado de la carretera, ahora muy estrecha entre los castañares, encuentro un metato: son casitas pequeñas echas no para vivir si no para secar las castañas. En el primer5 piso se ponían los frutos sobre una especie de ‹‹parrilla›› y abajo, a nivel del suelo, se hacia un fuego tranquilo más brasa que llamas: después de muchos días, se llevaban las castañas secadas a un molino para hacer la harina. De esta manera se hacía la comida para todo el año y también hoy en día la gente de aquí hace dulces muy ricos con este árbol del pan y su harina marrón: el castagnaccio y los necci, que se comen con un poco de requesón.

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Una curva despues de otra, llego un poco cansado a los prados verdes de altura que en el pasado fueron pastos estivos, haora son alfombras de pequeñas flores de muchos colores. Lleno mi cantimplora en una fuente de agua fría y me paro a mirar la cumbre de un monte donde a menudo se sube en invierno para hacer esquí de travesía, el Rondinaio (1964 m). Desde aquí empieza un camino entre el hayedo que sube, en unos kilómetros, los últimos 500 metros de desnivel que faltan por el puerto. No hay casi nadie pero de vez en cuando encuentro hombres que están buscando setas, porcini o morecci (boletus edulis) como se dice aquí. Después llego al tope del bosque y entre prados de altura todavía subo mirando el paisaje hacia la llanura de Lucca: un poco más adelante alcanzo el puerto, Foce a Giovo, puerta de la Val di Luce e dell’Emilia Romagna. Este invierno ha nevado poco porque en mayo aquí quedan siempre neveros muy anchos y por el contrario esta vez no hay casi nada. Bajo un poco por la vertiente Emiliano para encontrar un lugar abrigado y me tumbo en un sillón de arándanos para descansar y comer. En julio y agosto este es un sitio muy bueno para recolectar arándanos y las plantitas están por todas partes; a mi me gustaría comerlas ahora pero no encuentro ninguna bolitas que sea un poquito negra.

Desde del puerto empiezan senderos preciosos hacia pequeños lagos (Baccio, Turchino e Santo) y subiendo se puede andar sobre la ruta de cresta largargos días de camino, hacia el norte, hasta los Alpes. Estos sitios son encantadores tambien en invierno: son el lugar ideal para recorridos en la nieve con esquí o crampones, en las cumbres (Rondinaio, Giovo, Alpe di Tre Potenze) o, más abajo, en la paz de los hayedos.

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Ahora, para mi, ha llegado el tiempo de regresar: pero quiero cambiar un poco el recorrido pasando cerca l’Orrido di Botri, un salvaje desfiladero donde se puede andar pero solo mojándose, en el arroyo, muchas veces hasta el ombligo: es un cañón muy estrecho, con paredes de 200 metros, que el agua (muy fría) no deja pasar por las orillas, entonces hay que ir adentro. Pero el espectáculo maravilloso merece el resfriado. Después la puerta del desfiladero, donde solo me paro para echar un vistazo, el camino sube hasta el pueblo de Montefegatesi, un nido de águila sobre una peña de 850 metros ya mirado desde abajo. En la preciosa placita del aldea de descanso en un café tomando un helado: muchos mayores están sentados fuera jugando al naipes y me dicen de donde vengo y que vuelta he hecho. Cuando contesto que llego desde Pisa empiezan a reírse y me invitan ha vasos de vino.

Monto otra vez en bici y sigo la subida entre bosques verdes que nunca acaban; cruzo los pequeños pueblos medievales de Pieve dei Monti di Villa y Granaiola y, en una media hora, estoy otra vez en Bagni di Lucca. Desde aquí se puede hacer la carretera de la ida o tomar el tren hacia Lucca y Pisa. Yo estoy ya satisfecho de mis 110 kilómetros y además es bastante tarde para regresar pedaleando. En tren y bici y desde luego andando: la mejor manera para disfrutar esta tierra serrana, de bosques y antiguos pueblos medievales, llamada Garfagnana.

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One thought on “DE PISA HASTA LOS ARANDANOS EN BICICLETA

  1. Estoy enamorada de la Toscana. Me encanta la region: la gente, la comida, la cultura… Recientemente he viajado al norte de la toscana y me encanto. Hicimos muchísimas actividades y no habia ni un minuto para aburrirse.

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