CRÓNICA DE UNA AVENTURA ANUNCIADA

El Rincón del Trotamundos. Cesar Blanco. 3/5/2007
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Este largo puente volvimos a la zona de moda: PICOS DE EUROPA. Como ya sabéis todos los Picos aseguran grandes palizas y ambiente de alta montaña, no defraudo. El viernes los madrileños (Dani, Fran, Rosa y yo) llegamos a eso de la 1 a Potes, donde fuimos acogidos por los tíos de Fran con una opípara cena y un colchón hinchable.

El sábado por la mañana, casi a mediodía (ya que pensábamos que el teleférico de Fuente De no salía hasta las 10), subimos desoyendo los sabios consejos de Manolo y de Rafa desde la estación superior del cable hasta Horcados Rojos. Nuestra intención era o bien cruzar directamente hasta Cabrones o ir dando un rodeo por Urriellu. Una vez allí decidimos desistir ante la titánica tarea de abrir huella todo el camino y el riesgo de aludes que había en Horcados Rojos. Nos fuimos para Sotres, donde conocimos a la Gallega que nos dio de cenar como si fuésemos sus nietos y nos contó historias de su juventud. Tendrías que haber visto los besazos que le dio a Rosa cuando nos fuimos.

A la mañana siguiente nos enfrentamos a la titánica tarea de subir desde Puente Poncebos hasta el refugio del Jou de Cabrones, ni más ni menos que dosmil metros de desnivel. Nos lo tomamos con calma y poco a poco y con algún problemilla por la niebla llegamos al refugio. Una vez allí nos llevamos un par pequeña sorpresa: ¡¡no había calefacción!! La otra sorpresa fue que tampoco había chanclas, así que me pase toda la tarde con los pies fríos para no mojar los calcetines para dormir.

Van pasando los días y a estas alturas ya estábamos un poco asilvestrados, así que salimos en plena nevada a la conquista del Neverón de Urriellu. Cuando la gente se da cuenta de que se esta mojado y que empieza a pasar frío se dan la vuelta. Los únicos que no nos dimos cuenta fuimos Dani y yo, que terminamos haciendo cumbre en la Torre de la Pardida en lo peor de la nevada. El pico debe ser muy bonito y con muy buenas vistas, pero nosotros casi no nos dimos ni cuenta de que allí había un pedazo cortado con una bonita cornisa de nieve. Bajamos corriendo al refugio siguiendo el olor de la comida que nos preparo Sergio, el guarda.

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Después de una buena siesta vi que Sergio salía a llamar por teléfono, así que salí corriendo tras él para aprovechar un poco su huella y así no perderme. Tras una pequeña subida, le veo en un sitio en el que no esperaba que estuviese levantándose del suelo medio tropezando, además no lleva los bastones. Entonces él me vio a mi y me dice: ¡¡eeeeeh!! ¡que me ha cogido un alud! Había bajado 200 metros arrastrado por un pequeño alud y había conseguido salir nadando hacia un lado.

Visto lo visto fue muy fácil decidir que al día siguiente nos bajábamos todos de allí. Bajamos por medio del Jou Luengo, disfrutando del sol y de la nieve fresca, siguiendo una ruta mucho más segura y bonita que la subida normal al refugio. A continuación una carrerita Amuesa abajo y ya estábamos otra vez poniéndonos las botas en Bulnes, y no precisamente las de montaña. Ya estábamos casi en Poncebos cuando me di cuenta de que Dani no venía, entonces apareció el pobre cojeando. Se había hecho un esguince. A duras penas consiguió llegar hasta el coche.

Pasamos la noche en Cabrales, en un hostal que estaba vacío pero cuando nos vieron aparecer por la puerta con las pintas que traíamos dijeron que estaba completo. Dejamos a Dani abandonado en la habitación y nos fuimos de sidras con la gente que había compartido refugio con nosotros. Un buen fin de fiesta antes de pasar el último día en urgencias.

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