CABRONES, REINO DE DIOSES Y AVENTUREROS

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A quien le digas que en el puente de mayo vas a tener problemas con los aludes en Picos de Europa creerá que intentas tomarle el pelo. El viernes pasado fuimos hacia Bulnes Kike y yo desde Asturias y hacia Potes los “madrileños” (Rosa, César, Dani y Fran). Subimos a Bulnes con la lluvia pisándonos los talones, que cae, que no cae y llegamos a punto de empezar a caer fuerte. Bulnes sigue teniendo el encanto de un pueblo perdido en el que hablas con cualquier habitante de cómo viven y en el que a pesar del funicular no parece haber mucho cambio (salvo cuando éste funciona y está atestado de turistas). Cenamos y dormimos con un poquito de frío para el día siguiente darnos la gran pateada de subir hasta Cabrones por la Canal de Amuesa y el Trave. Las nubes quedaron abajo poco a poco y el día estaba soleado. La nieve que empezaba a los mil ochocientos metros mas o menos era “como hielo de pescadería”, en la que te hundías y que se iba ladera abajo a nada que te descuidaras. Tras abrir huella como pudimos, llegamos a comer al refugio y a ver cómo la tarde se cerraba y llegaban varias tormentas que no pararon de dejar caer una mezcla de agua, granizo y nieve. Esa noche estábamos cuatro en el refugio y no sabíamos nada de los madrileños (no era muy agradable la idea de que podían estar por ahí tirados con la que estaba cayendo).

Amaneció el domingo fenomenal, un día soleado, la nieve ¡¡dura!!! Y nos fuimos hacia la torre de la Pardida (que habíamos subido en octubre con el gum), a partir de las diez la nieve comenzó a ceder y nos tocó abrir huella como campeones. Ya la noche anterior y esta mañana oíamos y veíamos aludes por bastantes sitios en picos, y no sabíamos aún nada de los madriles… (jejeje) que aparecieron tras su intento de bajar por horcados rojos el día anterior a eso de las tres de la tarde (sus aventuras son ellos quien debe contarlas). El día comenzó a cerrarse y en el refugio éramos más gente, pero no por ello dejaba de ser una nevera húmeda donde no secaba nada. Un rato yendo a buscar agua al fondo de una cueva helada (una aventura ya de por sí) y otra charlando llevó a la noche y a dormir, esperando de nuevo que al día siguiente amaneciera bueno.

Lejos de amanecer bueno, amaneció de perros, malo, malo, malo y peor que se pondría… Ya que estábamos allí nos fuimos hacia el Neverón de Urriello, pero cuando llevábamos una hora mojándonos algunos decidieron darse la vuelta y el día empeoraba por momentos. César y Dani siguieron hacia la Pardida (Rosa se quedó leyendo y fue la más lista tal vez). Rosa, kike y yo nos fuimos pitando para Bulnes, trapeaba unos copos como en plena navidad y lo que a la subida eran prados, ahora eran campos de nieve que resbalaban que daba gusto. Una bajada corriendo por el pedrero, una visita a Bulnes, nos fuimos a comprar queso de Cabrales a la abuela del guarda en Tielve (ganadora de no se cuantos concursos, pero vamos, el queso está muy rico), y para casita.

Según me han contado a los que se quedaron les pasaron algunas otras aventuras con aludes incluidos que pillaron al guarda y con bajada de emergencia todos en grupo (esperamos tu relato César). Hay veces que el tiempo no acompaña, pero son las reglas del juego, sólo quien a veces se moja puede disfrutar otras veces del sol. Se acabó la nieve por esta temporada (hasta Alpes o el Caucaso), ahora toca otra cosa.

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Manolo Santervás

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